Edgard Tijerino
  • |
  • |
  • END

Lo ocurrido en Tempe, Arizona, con los chavalos del oculto y hasta ayer inexpresivo racquetbol pinolero, nos asombra tanto, como descubrir un cofre del tesoro detrás del biombo mientras buscamos en nuestros bolsillos vacíos, cómo pagar los vales en la pulpería.

Tres subcampeonatos en un Mundial Junior. ¡Diablos!, ¿son tan buenos?
Róger Zamora desde Arizona y Luciano García aquí, me informan que esos chavalos de apenas 12 años, se convirtieron en fieras rugiendo frente a un reto tan exigente, como tratar de mover una montaña de su lugar, y por los resultados mostrados, lo lograron.

De pronto, de la nada, se saca una lámpara fabricando luz a través del túnel de nuestro abandonado deporte, dependiente siempre de “milagros” individuales como los de Padilla, Hansack, Evert Cabrera, “Chocolatito” y Palacios, capaces de moverse competitivamente en esferas de dimensión mundial.

El racquetbol es un deporte de rapidez, fortaleza física, vivísimos reflejos, un necesario sexto sentido y precisión. Es decir, hay que “comer gato” para ser bueno de verdad, y estos muchachos, Luciano García hijo, Bernardo Zamora y María Paula Posada, parece que lo hacen, con o sin salsa de tomate.

Sus estructuras óseas súper flexibles, respondieron a cada reto dejando constancia de su sorprendente progreso en casa, sin ser sometidos a esos entrenamientos devastadores que obliga poder conseguir el nivel de rendimiento necesario frente a las propuestas de quienes disponen además, de excelentes adiestradores.

En boxeo a base de deseo, coraje, temeridad y poder, se pueden forzar milagros, que no se ven en otros deportes de evolución debidamente elaborada, con necesidad de suficiente tiempo para pulir facultades y poder colocar sobre el tapete tus facultades.

El racquetbol nica se mueve en canchas accesibles, pero era muy difícil sospechar que contábamos con muchachos como éstos, inquietos, atrevidos y naturalmente capaces de fajarse con fuerzas superiores.

En enero del 2006, por iniciativa del Club Terraza, se realizó una clínica de racquetbol dirigida por Allan Chacón, titulado en Estados Unidos, y muchos chavalos se volcaron con sus raquetas, hacia las canchas rápidas para perseguir esas nerviosas pelotas que parecen tener una liebre adentro.

No fue una fiebre, pero hay quienes se apasionaron lo suficiente para asegurar, cultivando rivalidades en la búsqueda de superarse, un seguimiento en la práctica del racquet, que ha desembocado en esta inesperada actuación en Tempe, Arizona.

Tanto en sencillo como en dobles, los nicas se sorprendieron a sí mismos, yendo más allá de cualquier cálculo previo. Ahora las intrigas son: ¿serán capaces de conseguir estabilidad en su rendimiento?, ¿hay condiciones para asegurar su progreso?, ¿estarán sus padres o el Estado dispuestos a invertir?, ¿ha sido sólo un esplendor efímero?
En un país tan limitado como el nuestro, sin un gimnasio, sin un estadio, tratando de hacer deporte con dos córdobas, estos chavalos van a tratar de sobrevivir. Analfabeto en racquet, yo no tenía ni la menor idea de que eran tan buenos como los dibujan en un lienzo imaginario, estos resultados en Tempe.