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Traducción Raúl Gómez
En la oficina postal de New York (cerca de donde creció Lou Gehrig) se encuentra escrito lo que por mucho tiempo se ha conocido como el Credo del Cartero: Ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor, ni la penumbra de la noche, hacen que estos cargadores dejen de cumplir rápidamente con sus tareas asignadas.

Éste no es un valor que nació cuando se creó el servicio de correo postal en los Estados Unidos. Más bien, es una cuota directa de los trabajos de Herodoto, que se remonta 2 mil 500 años atrás en la Grecia Antigua.

Trata de la expedición de los grecos en contra de los persas en el año 500 antes de Cristo y describe la fidelidad y responsabilidad con la cual los persas manejaban su sistema de correo montado. Ahora, eso realmente es vieja escuela.

Pero la idea detrás del Credo del Cartero es también un valor americano. Te levantas, te vas a trabajar, haces el trabajo, y tratas de hacerlo al máximo de tus capacidades – luego regresas a casa, te levantas, y todo se repite al día siguiente. Esta clase de credo es admirado por todas partes por la gente trabajadora y decente.

Revisando los eventos que llevaban a mi juego número 2 mil 131 recuerdo gente de todo el país relacionando mi racha con sus propios trabajos y carreras. Periódicos y revistas se llenaban con historias individuales de asistencias perfectas al trabajo y la escuela. Hubo cientos de historias de gente promedio que no había perdido un solo día de trabajo en tres, cuatro o cinco décadas.

El USA Today tenía un concurso nacional y eventualmente declaró ganador al dueño de una ferretería llamado Herbert Christiansen, el cual no había faltado a un día de trabajo desde que comenzó a trabajar el 1 de abril de 1936.

Eso me pareció casi imposible de creer, principalmente porque para aquel entonces Lou Gehrig aún no se retiraría por otros tres años. Para finalizar, en mi cuidad Baltimore, en las narices de todo el mundo, encontramos que mi juego consecutivo número 2 mil 131 también marcaría el juego número 2 mil 189 de Ernie Tyler, sentado detrás del backstop, haciendo su trabajo como supervisor de los jueces. Y hablando acerca de tipos callados y delicados, Ernie era el mejor.

Parecía que la oleada que llevaba a romper el récord de Lou Gehrig nunca terminaría. Todo el mundo hablaba de eso de una manera o de otra, en toda industria y organización, en cada esquina de los Estados Unidos.

Para ser franco, estaba asombrado por la sensación que esto generaba. También me pareció divertido que Pete Rose, quien se había retirado en 1986 con el récord de más hits (4,256), comentó acerca mi racha diciendo “si hubiera sabido que eso sería algo tan importante, lo hubiera hecho yo mismo.” Además del trabajo fuerte, había otro elemento de los valores de la vieja escuela asociado con mi racha que tenía que ver directamente con el béisbol. El 12 de agosto de 1994, los jugadores de las Grandes Ligas llevaron a cabo la huelga número 8 en la historia del deporte. La disputa se centraba en las demandas de los dueños en establecer un salario tope, lo cual era algo que la Asociación de Jugadores nunca aceptaría.

Desafortunadamente la huelga duró 234 días, lo que resultó en la cancelación de los Play offs y la Serie Mundial por vez primera en la historia de las Grandes Ligas, arrastrando todo hasta la temporada de 1995.

Finalmente para la próxima primavera, un juez federal emitió un requerimiento judicial en contra de los dueños, y la temporada se inició el 25 de abril de 1995, bajo las condiciones de los previos contratos expirados.

Después que finalizó la huelga, por todas partes los seguidores del béisbol no estaban contentos por cómo el béisbol había cambiado.

Mucha gente creía que la codicia había arruinado del pasatiempo nacional. Los dueños querían asegurarse que sus equipos generaran ganancias. Los jugadores querían preservar y proteger el sistema de libre mercado.

Y la incapacidad de las dos partes en llegar a un acuerdo resultó en una suspensión dolorosa y casi trágica del pasatiempo nacional en toda la nación. De modo que cuando comenzó la temporada de 1995, la gente buscaba algo de lo cual aferrarse, algo que les diera esperanza para el futuro del béisbol.