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De las derrotas, se aprende lecciones. Y ese debe ser el lema del púgil nicaragüense Walter Castillo, quien la noche del sábado fue derrotado ampliamente por el púgil estadounidense Amir Iman, en una velada que fue organizada en Carson, California.

Castillo estaba muy seguro de ganar esta pelea. El viernes, en el pesaje, mordió una manzana antes de subir a la báscula. Lucía muy delgado, pero seguro que podía resolver a Iman, uno de los pocos talentos del casi extinto promotor Don King.

El sábado, Castillo llegó con esa confianza al ring, y desde que sonó la campana salió en busca de Iman, presionando, tratando de forzar la pelea corto y con la intención de tapar las salidas del púgil estadounidense.

Pero Iman no atrajo a Castillo. Más bien lo esquivó, lo mantuvo a distancia y lo boxeó a su antojo para imponerse claramente en las tres tarjetas de los jueces 100-90, 99-91 y 98-92.

Castillo puso el ímpetu, fue siempre hacia adelante, trató de brindar el espectáculo y se ganó el aprecio de los aficionados de Carson, público dominado en su mayoría por mexicanos que llegaron a apoyar a Julio César Chávez Jr. en su compromiso contra el polaco Fonfora.

Pero eso que lució Castillo no bastó. Iman pegó más, boxeó mejor, no se dejó agredir y terminó fresco, ganando claramente una pelea que en los cálculos de muchos, lucía favorable para el peleador nicaragüense.

Lamentablemente, la velocidad de Iman inclinó la balanza a su favor. Algo similar a lo que sucedió con René “Gemelo” Alvarado en su pelea en enero pasado en Filadelfia, ante el estadounidense Eric Hunter. En esa ocasión, Alvarado fue sorprendido por la velocidad de Hunter, pese a un buen arranque ganando los primeros cuatro rounds.

También con Castillo, se nota a simple vista la falta de fogueo ante rivales rápidos de piernas y brazos, algo que no sorprenden porque nuestro boxeo es de fuerza, similar al estilo mexicano, pero sin la suficiente experiencia en los entrenadores de transmitir la técnica que permita superar esa desventaja.