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El gran reto de Manny Pacquiao la noche del 2 de mayo, cobijado por la iluminación de Las Vegas, es buscar cómo descifrar ese complicado crucigrama que es entre las cuerdas, Floyd Mayweather. Eso es algo que nadie ha podido lograr, y ninguno de los 45 púgiles que han enfrentado a Floyd, incluyendo a José Luis Castillo y Marcos Maidana que lo retaron dos veces cada uno, podrían ofrecerle asesoría al filipino sobre cómo desarmarlo, pese a que hoy, se le puede considerar como un peleador previsible en su planteo, aun tratándose de batallar con un rival zurdo como lo es Manny.

Todos recordamos la primera pelea con Castillo en abril de 2002, cuando Floyd obtuvo el cetro Ligero del CMB, precisamente en el ring del MGM, llevándose una decisión que encendió controversias, aun siendo unánime. Pero aquel Floyd de hace 13 años, tiene muy poco que ver con el peleador que atravesando por un largo y exitoso proceso evolutivo, fortaleciendo su confianza a la orilla de un ego por siempre agigantado, se ha convertido, más allá del resultado de su próximo y quizás último combate, en uno de los grandes de todos los tiempos.

SIEMPRE HA LOGRADO RESOLVER

Hemos visto a Floyd contra peleadores de diferentes estilos, y siempre ha encontrado el antídoto. Incluso si eran rápidos y elusivos como él, caso Shane Mosley, se convertía en el agresor, yendo hacia delante ejerciendo presión, cerrando las salidas, golpeando con sus dos manos, apretando contra las sogas. Si se trataba de rivales agresivos buscando el nocaut con desesperación, reciente caso Maidana, los esperaba para desarticularlos y atacarlos a ráfagas hasta establecerse.

Oscar de la Hoya, un peleador compacto, inteligente, dueño de variados recursos, no pudo desarmar a Floyd en mayo del 2007 y se vio obligado a involucrarse en una pelea especulativa. Oscar quiso asegurar el aterrizaje de sus golpes rectos, y eso es improbable frente a la flexibilidad, reflejos y facilidad para retroceder de Mayweather. Eso sí, ha sido una de las peleas más cautelosas de Floyd, atento a cada movimiento ofensivo de un adversario altamente valorado. Ganó Mayweather una decisión dividida, con más golpes llegados y sacando ventaja incluso en los de mayor poder.

HATTON LO TAMBALEÓ

Un golpeador puro como Ricky Hatton, estuvo a punto de derribar a Floyd en el propio primer asalto. Vimos cómo Mayweather fue hacia atrás, uno, dos y tres pasos, buscando oxígeno. Superado ese momento de extremo aturdimiento, Floyd se asentó y como siempre, manejó la geometría del cuadrilátero, hasta conectar en el décimo esa mega-izquierda mata cíclopes que convirtió a Hatton en un robot después de incorporarse. No sabía dónde estaba y la siguiente descarga, terminó el combate.

El difícil mexicano Juan Manuel Márquez, un tormento para Pacquiao, esperaba a Floyd en la próxima parada. Peleador de estilo y pegada, Márquez fracasó estrepitosamente en el intento de descifrar a Mayweather. Prácticamente fue borrado del cuadrilátero por la destreza de Floyd. En ningún momento Mayweather se vio en complicaciones, siendo más obligado a pelear por el boricua Miguel Ángel Cotto en el 2012.

RESPONDIENDO A LA EXIGENCIA

En esa pelea, Floyd nunca estuvo solo porque el insistente Cotto se mantuvo encima, pero su victoria fue inobjetable, como la superioridad que mostró cuando decidía poner presión, aplicar combinaciones, desbordar, bloquear y enfriar. Demostró Mayweather que gana como quiere, incluyendo el salto sobre las dificultades. Su triunfo pudo ser más cómodo y rotundo, si no permanece tanto tiempo en las sogas como lo hacía Alí, pero por estrategia, no para abrirle mejores posibilidades al rival.

Fue en esas ofensivas contra las sogas, que Cotto se vio mejor, hasta que Floyd salía contragolpeando, girando con seguridad, y regresando al centro del ring, donde se siente el rey, con ese estupendo manejo de la distancia, utilizando combinaciones y repeticiones con una mano, la izquierda, previa a esa derecha zumbante.

Por supuesto que Mayweather puede ser golpeado, pero hasta hoy, la pregunta rasca-cabeza ha sido ¿cómo hacerlo? El boxeo es un arte más difícil que la pintura, la escultura, la música o la poesía. No hay alguien moviéndole el lienzo a Picasso, tratando de desviar el cincel de Rodin, pretendiendo arruinar la próxima nota Beethoven, o cortando la inspiración de Rubén. En boxeo, como en el toreo, el problema lo tienes que resolver enfrente, resoplando, presionando. Nunca estás solo y no necesitas de un espejo para comprobarlo.

MAESTRO DE LA ESPECULACIÓN

Hasta hoy, Mayweather ha sido un maestro de la especulación entre las brasas. Es Manolete o Paquirri, engañando al toro furioso con variedad de movimientos, el manto rojo oscilando, las banderillas clavándose, y la espada lista para la estocada mortal. Fue así como vimos a los adversarios ser sometidos de diferentes maneras.

Pienso, que siente la necesidad de ofrecer un buen espectáculo, y que se frustra al no poder completar sus sinfonías, consecuencia de lo corto que se quedan sus oponentes, porque desde siempre, es la exigencia del adversario lo que te engrandece. ¡Qué bueno hubiera sido verlo crecer en otra época! Pero eso no es su culpa. Está enfrentando a lo mejor que hay en estos días en que las tinieblas cubren el boxeo, y no deja dudas.

Hoy, el turno es para Pacquiao, boxeador-pegador, capaz de desorientarte con sus cambios de perfil y manejo de combinaciones, saltando como un tigre. Ojo con esto: no ha podido Manny exhibir su poder en los últimos combates acusando cierto desgaste a sus casi 37 años y ha enfrentado serias dificultades siendo vencido en algunas de sus peleas. Su misión es desarmar a Floyd. Algo así como entrar a la Basílica de San Pedro y quebrar la nariz de “La piedad” o entrar al Museo de Louvre y robarse “La mona lisa”.