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El Vesubio no explotó y se salvó Pompeya. Floyd Mayweather, frío para enfrentar la furia, astuto para “torearla”, vigoroso para absorberla como si fuera una gigantesca esponja, preciso en lo especulativo y oportuno como lo era Alí en el uso de los amarres, apagó ese volcán que intentaba rugir inútilmente, tal lo fue Manny Pacquiao a lo largo de 12 rounds, apuntándose una victoria inobjetable aunque sin la espectacularidad y la brillantez deseada, certificando su clara superioridad sobre el resto de mortales en el firmamento del boxeo mundial.

LA “MONA LISA” DE FLOYD

Derrotando al filipino y frustrando a la multitud que soñaba con una pelea épica, a corazón abierto, como lo fueron Leonard-Hearns, Dempsey-Tunney, Oscar-Quartey, Corrales-Castillo, Hagler-Hearns, Tyson-Holyfield y tantas otras, Floyd subió al ring abucheado y terminó abucheado. A su manera, fue su “Mona lisa”. ¿Qué era más viable, congelar la voracidad ofensiva de Pacquiao o atrapar entre las cuerdas a un fantasma como Mayweather? Esa intriga quedó despejada desde antes del sexto asalto, cuando Manny envió su última señal de vida en lo boxístico.

Tanto habló Freddie Roach de tener estudiado a Floyd, considerando a su pupilo listo para aplicar todas las variantes imaginables, que casi llegamos a creerlo. “Haremos la pelea perfecta”, advirtió. Sin embargo, fue Mayweather, quizás con una apropiada asistencia de su padre, quien realizó el estudio pormenorizado de lo que podía proponer Manny en cada instante, logrando anularlo magistralmente la mayor parte del tiempo, llegando incluso a quedarse en las sogas frente a las ofensivas desplegadas con intensidad de un corto huracán, pero sin orden, del filipino en el sexto asalto, en lo que fue un alarde de suficiencia.

NO GUSTA, PERO ES EFECTIVO

El estilo de Mayweather que todos conocemos, no gusta, al igual que el de Pernell Whitaker, pero ofreciendo una versión actualizada, es decir mejorada con correcciones, sigue siendo indescifrable, algo próximo a lo asombroso a sus 38 años. Siempre he pensado que no hay mayor fuerza impulsora para superarte que el orgullo, y Floyd lo está demostrando nos guste o no su estilo. Nunca antes, con excepción de peleadores como Walcott, Charles o Moore, todos con sobrados méritos en el Salón de la Fama, alguien de 38 años, produjo una demostración de superioridad como la de Mayweather el sábado en el MGM de Las Vegas.

“Si el hubiera ofrecido una pelea más frontal, más atrevida, habría sido más precisocon mis golpes”, dijo inocentemente el inutilizado Pacquiao. Coincidió con lo que dijo Foreman de Alí en Zaire. Esperar eso es subestimar lo mejor de Floyd, su inteligencia, arma fundamental para construir su triunfo 48 frente a 46 adversarios de todo tipo. “Mi cabeza piensa que Mayweather ganará, pero mi corazón está con Pacquiao”, dijo Oscar de la Hoya en un especial de HBO que disfruté por más de tres horas en la mañana del sábado aquí en West Palm Beach. “Es muy difícil fabricar desajustes en Maywaether”, consideró Shane Mosley en el mismo reportaje que incluyó a Oscar de la Hoya, Bernard Hopkins, Lennox Lewis y George Foreman.

PACQUIAO NO SE ATREVIÓ

Sorprendió el inicio del combate con Manny sin empujar la pelea tomando riesgos, como si lo hicieron y efectivamente, Mosley y Maidana, metiendo a Floyd en un laberinto de dificultades. El corazón del filipino no estaba lo suficientemente grande para eso. Es lo que le permitió a Chávez y De la Hoya sacar de las brasas victorias sobre Taylor y Quartey. Fácilmente, Mayweather tomó una y otra vez el centro del ring estableciendo la distancia requerida con su izquierda activa y su derecha atenta y gritando ¡presente! con autoridad cada vez que fue necesario.

Agreguen que Floyd borró la posibilidad de ver esos cierres de round que Manny acostumbra realizar impresionando. Durante cada uno de los últimos diez segundos, era Mayweather quien estaba en movimiento, girando, estirando su izquierda, mostrándose con los ojos bien abiertos, manteniendo a Pacquiao distante, sin poder hacer algo notorio. En ningún round, el filipino logró presionar cerrando. Ahí estaba Floyd enfriando, como protegido por un muro invisible.

DESTREZA CONTRA FURIA

El boxeo es furia, pero como lo demostraron Robinson y Ali, sobre todo es arte. Exactamente eso es lo que hace Floyd con su destreza, pintar en el lienzo, como Dali, esculpir como Rodín, ponerle música de Bethoven a su danza, aplicar más golpes, sumar más puntos, calibrar las tarjetas. Por eso antes de finalizar el último asalto, con absoluta convicción del trabajo realizado, levantó su puño derecho mostrándoselo al mundo, victorioso, mientras su sonrisa saltaba por encima del protector bucal. Era el grito silencioso de ¡aquí me tienen, de cuerpo entero, ileso, invicto!

¡Cuántas veces se quiso soltar Manny sin poder hacerlo! No había forma, Floyd tenía todos los antídotos. A ratos el filipino pareció estar atrapado por su propia inutilidad. Sus golpes quedaban cortos, la mayor parte de sus descargas fueron bloqueadas, sus swings resultaban erráticos. Aquello llegó a ser enloquecedor. Por eso no entendí como llegó a protestar un fallo que todos sabían, incluido Roach, nuevamente abatido por el boxeo flexible e incontrolable de Mayweather.

OLVIDEMOS LA REVANCHA

Al finalizar el asalto 12, Pacquiao se veía envejecido después de tanto esfuerzo congelado por su rival. Viendo las imágenes, era obvio que no tenía sentido pensar en una revancha, que como la de Leonard con Durán o la de “Finito” con Rosendo, mucho menos haciéndola lo más pronto posible. ¿Qué podría ser lo diferente en otro enfrentamiento? Tanto Castillo como Maidana, fueron menos frente a Floyd en las revanchas. Estoy seguro que ocurriría lo mismo con Manny. Su entrenador y segundo padre, Freddi Roach le diría, “olvidemos eso”.

No fue la pelea del siglo, pero resultó útil para terminar de graficar a Floyd como el más difícil jeroglífico visto entre las cuerdas. Ni Robinson fue tan difícil de golpear, aunque es considerado con justicia, el mejor de todos los tiempos.