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De haber visto jugar a Lionel Messi, nuestro gran poeta lo habría llamado “olímpico cisne” o “alado aristócrata”, por su poesía explosiva en la cancha. Frente a la capacidad de destrucción de un atleta superdotado capaz de derribar murallas y hacer estragos como Cristiano Ronaldo, y un artista que maneja su pincel como lo hacía Scaramouche con su espada, abriendo heridas y asestando estocadas, tal lo hace Messi, el mundo continúa empinado sobre el asombro. El puño y la seda asegurando el engrandecimiento del espectáculo. El goleador implacable y el artista impecable que nunca desfallecen en un duelo colosal. ¡Qué suerte tenemos!

AL ESTILO VAN GOGH
Marcando su gol 76 en Champions para forzar un equilibrio 1-1 con el Juventus, Cristiano no pudo evitar la derrota del Real Madrid en Turín 2-1, pero Messi encontró a tiempo la llave del candado para abrir las cadenas que sujetaron al Barsa durante 77 minutos y marcando dos goles, el segundo magistral, como salido de un sueño de Van Gogh, atravesando por un trigal sacudido por la tormenta ahuyentando cuervos, con el agregado del pase milimétrico a Neymar. Su gestión resultó clave en la victoria por 3-0 que coloca al equipo azulgrana en las puertas de la final.

Ahora Messi con 77 goles en 96 juegos, regresa a la cima de goleadores en Champions, superando los 76 de Cristiano en 116 partidos, pero la gran batalla sigue abierta, impredecible en lo inmediato; el portugués, cargado de vitalidad, revestido de precisión, que aniquila con su puño de hierro; y el fino matador con guantes de seda, que da la impresión de elaborar trazos de singular maestría sobre el lienzo.

EL DUELO ESPERADO
Verlos enfrentarse en una final de Champions, estando en plenitud, sería fantástico. Todo va a depender de la recuperación del Madrid en el Bernabeau, necesitado sin alardear, de una victoria por 1-0 para extenderse a la final en Berlín. Conseguir eso no tiene ribetes de hazaña, como si lo era saltar sobre el Dortmund en el 2013, después de una sorprendente y amarga derrota 1-4, desembocando en una frustración, pese al triunfo como local 2-0 que acercó al Madrid a un gol del milagro.

El miércoles, Guardiola preparó un dispositivo con las variantes necesarias para aguantar al Barsa. Lo esencial era la posesión del balón, lo que logró, y cercar a Messi, reduciéndole su capacidad de improvisación, así como estirar el medio campo y estar atento al fortalecimiento de una defensa que debería multiplicarse y ser acertada en los relevos. El Bayern, sigilosamente, se fue asentando, mientras el Barsa, muy inquieto, rebotaba pese a fabricar mejores opciones. El amenazante 0-0 era una espada oscilando encima de las cabezas de la multitud, y por supuesto, la de Luis Enrique.

APARECE EL GENIO
Llegó el momento en que frotaron la lámpara y se escapó el genio con ese remate zurdo cargado de veneno, fuera del alcance de Neuer y la jugada cumbre, incluyendo quiebre y derribe de Boateng, con ese bombeo suavemente escandaloso. El 2-0 lo cambió todo. El gol de Neymar en tiempo de reposición, puñal en mano, dejó desangrándose al Bayern 3-0, y aunque se observa mucha cautela entre el Barsa pese a las dudas que siguen rodeando al Bayern, lo más viable es el salto azulgrana a la final en Berlín.

El sonido de la furia y el silencio de lo artístico retándose en una cancha. Cristiano y Messi en el ombligo del espectáculo batallando por prevalecer! Es fácil imaginar eso, y cómo lo deseamos todos.