Edgard Tijerino
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En su probable mejor libro, Tom Wolfe, ese maestro de la sátira social que utiliza el cinismo con la destreza que tiene un mosquetero con su espada, grafica Nueva York como “la hoguera de las vanidades”. Un sitio que no es para hombres débiles, donde es fácil “quemarse”. Según Wolfe, sobrevivir a Nueva York equivale a salir ileso de una hoguera.

Mark Teixeira sabe, pues, lo que le espera. No sólo tiene que tratar de sobrevivir a Nueva York, sino también a “ser un yanqui”. Antes de aterrizar en un dogout cargado con las más grandes egolatrías del juego, Teixeira ha provocado una justificada excitación entre el punzante y exigente periodismo de la Capital del Mundo. La pregunta natural es: ¿Será capaz de responder a expectativas del tamaño del Rockefeller Center?
Hay peloteros que, pese a disponer de un brillante y consistente currículo, han preferido distanciarse de ese reto: la agobiante ciudad, el pesado uniforme a rayas y el equipo con los más grandiosos line-up de fantasmas forzando comparaciones llenas de espinas. No, no hay nada mejor que la tranquilidad, piensan, y se repliegan.

No Mark Teixeira. Con un contrato de 180 millones por ocho temporadas, él está listo incluso para superar consideraciones que se habían hecho con los tres próximos años de Manny Ramírez.

Bateador efectivo y lo suficientemente destructivo a los dos lados del plato, Teixeira llega a formar la nueva gran fórmula ofensiva de los Yanquis, siguiendo huellas tan cristalinas y profundas como las que trazaron Ruth y Gehrig, Mantle y Maris. Se espera que funcionando junto con Alex Rodríguez, sea tan ruidosamente temible, como Canseco con McGwire, con Oakland, o David Ortiz con Manny Ramírez recientemente.

En 2003 Teixeira, como novato, se encontró con Rodríguez en el line-up de los Rangers de Texas. Alex venía de temporadas consecutivas disparando 52 y 57 jonrones, y el joven de 23 años, utilizado como primera base, outfielder, antesalista y bateador designado, mostró su agresividad con 26 jonrones y 84 remolques en 146 juegos. Rodríguez en tanto, en su último año con Texas, se voló la cerca 47 veces, impulsando 118 carreras.

¿Qué se espera de ellos seis años después? Sin entrar en extravagancias, más de 80 jonrones y aproximadamente 240 remolques. Sólo así podrán justificar el cobro de más de 50 millones por campaña. Rodríguez deberá sacar provecho de tener a Teixeira detrás para conseguir mejores lanzamientos, y éste, de contar con la constante presencia en las bases de Alex adelante.

Por fin, desde Don Mattingly, los Yanquis van a tener un inicialista de verdad, ganador de guante de oro, sosteniendo una doble batalla comparativa, con Alex adentro y con Manny desde lejos.

Llega Teixeira a la hoguera de las vanidades, confiando en sobrevivir tronando, ayudando a impulsar a los Yanquis hasta la Serie Mundial.