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Alex Rodríguez ha disparado su jonrón 661 superando a Willie Mays. Hace unos días, el New York Times publicó una fotografía mostrando al pelotero con un grupo de aficionados en Boston, mirándolo con afecto y solicitando su autógrafo. Rodríguez, casi calificado un “exconvicto” en el beisbol por haber utilizado estimulantes que le permitieron ensanchar su rendimiento, disfrutaba momentáneamente de la piedad de esos aficionados, que colocaban sus grandiosas cifras, todavía en crecimiento, encima del pecado cometido con diagnóstico de imperdonable.

¿MERECE PIEDAD?

Confucio, con la razón de su parte, podría decir que Alex no merece piedad después de haber alterado irregularmente la “topografía” del juego, y sobre todo, golpeado su simbolismo en la quijada, fracturándolo. Pero ¿qué hacemos con el corazón del fanático, un religioso de las cifras, resistente a ver desvanecida una admiración consistentemente cultivada por un atleta que fue considerado fuera de serie?

Se apunta, casi con certeza, que la máxima expresión del humanismo es el perdón. La industria no tiene corazón, pero sí cabeza, y piensa que un manejo ambiguo de situaciones como la de Alex Rodríguez, le permiten coexistir pacíficamente a las cifras con los cuestionamientos, y sin perdonar, abre espacio para la piedad, haciéndola funcionar como amortiguador. Así que entre criterios y emociones encontradas, se han aplicado ciertas modificaciones al juzgar la terrible desviación del pelotero dominicano hacia lo prohibido.

UN ORGULLO MANCHADO

El jueves, Alex dejó atrás a ese súper pelotero que llegó a ser considerado sin hacer sonar las trompetas, modelo de comportamiento, tal lo fue Willie Mays. Ahora Rodríguez es en solitario el cuarto bateador de más jonrones en la historia, solo detrás de los 762 jonrones de Barry Bonds --otro pecador--, los 755 del inmaculado Hank Aaron, y los 714 del legendario salvador del beisbol, Babe Ruth. Sin duda, para Alex es un timbre de orgullo, aún manchado.

Igualar previamente a Mays con 660, le facilitó al dominicano un bono de seis millones de dólares, que los Yanquis están tratando de anular, considerando que además de haber sido dañados por el pelotero mientras caminaba un contrato ofrecido en la frontera del disparate, el decrecimiento de este en su rendimiento entre conflictos fuera del terreno y problemas musculares, ha  estado muy distante de lo que recibe. Puede que legalmente Alex esté protegido, pero moralmente se sentiría mejorado con un gesto de desprendimiento justo. Sin embargo, da la impresión que va a pelear semejante bono.

CIFRAS ASOMBROSAS

Las cifras finales de Alex Rodríguez lo harán ingresar a la mitología del beisbol como un probable artillero de 700 jonrones, tres veces Más Valioso en la Liga Americana, el más joven bateador de 300, 400, 500 y 600 jonrones, líder en vuelacercas con casa llena con 23 junto con Lou Gehrig, tres temporadas con más de 50 cuadrangulares, casi seguro bateador de tres mil hits, etcétera, etcétera, etcétera, es decir, alguien merecedor a una estatua, pero un pecador que utilizó aditivos a sabiendas que cometía un delito deportivo, por el cual fue sancionado drásticamente siendo retirado una temporada completa, más todo el tiempo que estuvo fuera por lesiones, incluyendo esa en la cadera que recortó su voltaje y capacidad de destrucción.

Las puertas de Cooperstown nunca se abrirán para Alex, condenado por sus pecados. Los votantes no tendrán piedad con él, pero la legitimidad que la doble moral del beisbol le otorgará a sus cifras, lo inmortalizarán. Sus números, grabados en el mármol de las proezas, lo colocan por encima del techo del Salón de la Fama, convirtiéndolo en discutible por siempre, pero gritando ¡aquí estoy!

  • 762 cuadrangulares conectó Barry Bonds en su carrera, para ubicarse como el máximo jonronero en la historia de las Grandes Ligas.