•  |
  •  |

No pensé que James Kirkland después de una caída estrepitosa sobreviviera casi noqueado a ese brusco cierre del primer asalto, pero Saúl “Canelo” Álvarez no supo aplicar su natural explosividad frente a un adversario paralizado. Kirkland atravesó entre terribles dificultades el segundo asalto, y trató de ensayar arremetidas pese a mostrarse prematuramente cansado. Aprovechó, casi sin darse cuenta, que el olfato y el instinto matador del mexicano carecen de precisión, excepto cuando se encuentra con el portón del rival completamente abierto.

Exactamente eso ocurrió en el tercero y último asalto: con sus brazos caídos y el rostro colocado apropiadamente para ser impune y brutalmente golpeado, Kirkland, previamente tumbado en ese mismo round, recibió un demoledor golpe de derecha que casi arranca su cabeza enviándola a las primeras butacas del ring side.

Todo estaba consumado. Triunfo rotundo del “Canelo” en tres asaltos sin poder ocultar que sigue siendo verde como peleador. Dijo el mexicano antes de este combate con Kirkland, estar interesado en volver a pelear con el indescifrable Floyd Mayweather para mostrar lo que ha aprendido que, obviamente, es muy poco, casi nada, para tan alta pretensión.

No está a la altura
Una revancha con Mayweather no tiene sentido. “Canelo” no tiene la menor oportunidad de ganarle un asalto a Floyd, que por lo visto el sábado entre Álvarez y Kirkland podría resolver a los dos en la misma noche manejando su jab zurdo con las repeticiones requeridas, y la presencia de esa derecha martirizante.

No estoy exagerando, aún con 38 años, Floyd dispone de suficientes habilidades y de la necesaria movilidad para hacer eso. Cuando vi a Kirkland abrir el combate colocando presión sobre “Canelo”, pensé que el mexicano, con su espalda contra las sogas sin buscar una salida rápida como era lo indicado, mostraba sus limitaciones y enfrentaría complicaciones, pero fue una impresión fugaz, porque al ser derribado Kirkland y quedar aturdido, Álvarez recibió una poderosa inyección de confianza que le permitió volcarse y colocarlo al borde del nocaut entre un alarido ensordecedor.

Sangriento
Fueron tres rounds de mucho golpeo, con caídas  preocupantes por parte de Kirkland, de dormidos reflejos, quien también entregó una cuota de sangre y mucha ingenuidad. Con características de pelea brava, callejera, la batalla proporcionó emoción al público, sobre todo el mexicano que tanto disfruta de eso. Sin embargo, al momento de someter al “Canelo” a un enfoque sobre su futuro inmediato, quienes lo manejan tienen que ser cuidadosos, a menos que se convierta en un pequeño Rocky Marciano, que tenía instinto, era suicida, pero sabía hacer llegar sus golpes y ser destructivo.

Obviamente, seguirá dependiendo de la rudeza y necesitará como soporte una resistencia granítica para sostener sus agresiones. Hubo un momento, antes de la última caída, en el que Kirkland, con sus manos arriba, las baja como inmolándose. Frente a ese acto suicida, el “Canelo” aprovechó con un swing a lo Reggie Jackson, terminando una faena macabra. Colocarlo frente a Cotto, me parece imprudente.