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¿Se convertirá este Bayern sangrante y desesperado en el iceberg contra el que se estrellará hoy el Barsa en Múnich? Sería catastrófico que este equipo azulgrana construido para Luis Enrique con la pretensión de conseguir un triplete se hundiera como el Titanic, mientras se le ve navegar hacia la final de la Champions con el factor de seguridad que proporciona ese 3-0 registrado inesperadamente en el Nou Camp.

FICCIÓN Y REALIDAD

“Ganaremos 4-0 y estaremos en la final”, ha advertido Alaba, uno de los grandes ausentes del Bayern en ese fondo necesitado de firmeza y salida. Alaba debería saber que solo el Madrid y el París Saint Germain le han clavado tres goles al Barcelona de Luis Enrique en momentos de cuestionamientos, no con Jordi y Alves corriendo como unos pura-sangre por los costados, con Piqué y Masherano absorbentes frente a las dificultades y Busquets apoyando decididamente atrás. En la Liga, el Barsa solo permite 19 goles por 34 del Madrid.

Recuerda Muller que en cuartos de final, después de caer 1-3 frente al Oporto, se concretó una goleada desproporcionada por 6-1. Claro que puede ocurrir. Este Bayern puede llegar a ser un oleaje, pero es menos probable sin Robben y sin Ribery, mientras su defensa deberá lidiar con un ataque movilizado por Messi, bien respaldado por Rakitic e Iniesta, con par de puñales en el área: Neymar y Suárez.

COMO ARAÑA EL RIESGO

Es obvio que nuevamente Guardiola apostará por la mayor posesión de balón, pero sus proyecciones expuestas a la gran capacidad de recuperación de pelotas del Barsa, necesitarán de un mediocampo que utilice pulmones como los de Kroos, y quien puede levantar la mano en ese aspecto es Schweinsteiger, auténtico búfalo, con Lahm y Tiago aportando esa filosa destreza que los caracteriza.

“No he pensado en eso. Prefiero no hacerlo”, ha respondido Guardiola cuando le preguntan sobre las posibilidades de marcar del Barsa. Un gol en contra obliga al Bayern a sacudir cinco veces las redes de Ter Stegen, sin duda, una tarea titánica. El planteo exitosamente aprieta tuercas de Pep en el Nou Camp, cerrando espacios a Busquets e Iniesta, capaz de mantener el 0-0 durante 76 minutos, debe abrirse ahora en busca de multiplicar su capacidad de agresión. Una buena noticia para Neymar y Suárez.

EL FACTOR MESSI

La trascendencia del factor Messi atormenta a cualquier estratega. ¿Cómo neutralizarlo es un problema algebraico para la mente de Tales de Mileto? Con su accionar vertiginoso e imprevisible sobre los catetos y la hipotenusa, Messi podría estirar el teorema de Pitágoras como tantas veces lo ha hecho. Atornillado largo rato en el primer duelo, se soltó a tiempo, clavó dos goles y entregó la pelota para el tercero. Hay que evitar eso ahora, pero requiere de ajustes que restan agresividad.

Tanto Luis Enrique como Guardiola no quieren verse inmersos en un partido loco. Ellos no juegan a los dados y dependen de lo planificado, solo quebrado por los raptos de inspiración de jugadores dotados, con el Bayern necesitado de lanzarse hacia la proeza de esa remontada espectacular, lo más pronto posible con el corazón inflamado.

SERÍA ALGO CAÓTICO

El Barsa ¿otro Titanic? Es difícil entrar en esa consideración cuando se trata, a la inversa del 2013, de un equipo que atraviesa un buen momento, estimulado por la posibilidad de tres títulos y con un ataque incansable. Agreguen los riesgos que deberá tomar el Bayern para poder hacerse sentir sin Ribery y Robben, confiando en los milagros de Neuer. El favoritismo del Barsa no es discutible. Su caída sería el más ruidoso hundimiento desde el Titanic en 1912. Un caos azulgrana.