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La sangre que corría por las arterias de todos los jugadores del Bayern, furiosos e  incansables en busca de la proeza imposible, estuvo siempre en ebullición y el alma del equipo alemán manejado por Guardiola se mostró superagitada, como intentado escapar del cráter de un volcán en erupción, exigiendo ir más allá de esa victoria por 3-2, insuficiente para evitar la cuchilla de la eliminación en las semifinales de esta Champions. Morir rugiendo, con los botines puestos, los dientes apretados y los ojos llameantes certifican la entrega de este Bayern en un partido para recordarlo por ese excedente de intensidad con ribetes espectaculares. Todavía estoy aturdido.

TER STEGEN FABULOSO

No exagero al decir que el Barsa se vio asustado, acorralado y hasta con pánico en los últimos 20 minutos del 73 al 93, pese a estar consciente de que los alemanes necesitaban agregar tres goles para sobrevivir. Ese factor de seguridad pareció ser olvidado. ¡Ah, qué importante fueron las atajadas de Ter Stegen en ese vertiginoso e imprevisible primer tiempo! El manotazo sacando el cabezazo de Müller de la escuadra superior izquierda, el desvío al remate de Tiago y la atajada con reacción felina revestida de angustia para impedir que la pelota impulsada por Lewandowski se metiera a la cabaña azulgrana, deberían estar en la pared del museo del suspenso. ¿Se imaginan el rumbo del partido sin todo eso?

La posibilidad del 3-3 fue malograda por el Barsa contra reloj en el tiempo de reposición, al no poder realizar Neymar desde la izquierda una apropiada entrega a Messi, que llegó por la derecha libre de marca. Podemos pensar ¿qué importaba eso por caer el telón con el Bayern eliminado? Sin embargo, por asunto de orgullo, evitar la derrota tenía significado. El Barsa, con el botín del boleto a la final en el bolsillo, ayer salió con su sistema nervioso alterado del Allianz Arena.

LAS ESTOCADAS DE NEYMAR

“Es necesario marcar lo más pronto posible para pensar en una proeza”, había dicho Beckenbauer. Y en el minuto siete, aprovechando un córner colocado por Xabi Alonso, el cabezazo de Benatia junto al poste izquierdo deja sin chance a Ter Stegen. El Bayern se adelantaba 1-0 muy temprano. Un par de goles más y se borraba el 0-3 del Nou Camp. Pero en el minuto 14, el trazo geométrico de Messi hacia Suárez por el propio centro, el escape del uruguayo y el cruce a Neymar que se desplazaba por la izquierda, con un remate al estilo bofetada en un callejón, establece el 1-1 que arruga los corazones de la multitud. 

Ahora el Bayern necesitaba marcar cuatro goles para poder escapar hacia el futuro. Y en el minuto 28, Messi peina una pelota hacia atrás que recibe Suárez, empuja con rodilla y entra al área para cruzar nuevamente a Neymar, sin marca por la izquierda y con todo el tiempo disponible. Dominio del balón y remate de derecha junto al poste inutilizando a Neuer. El Barsa en ventaja 2-1. Un momento para decir, “todo está consumado”.

UN BAYERN AGIGANTADO

Qué corazón el del Bayern. Más grande que el de Ulises atravesando dificultades regresando a Ítaca. No solo se volcó con un extra de agallas, sino con la necesaria destreza para arrinconar al Barsa, mantenerlo sin balón desorientado y fabricar peligro con una frecuencia alucinante. El gol de Lewandowski, masticando furia, desequilibrando a Mascherano, estableciendo el 2-2 en el minuto 58, y el de Müller con una estocada a los 73, certificaron la intensidad del Bayern. Los del Barsa deambulaban frente al accionar huracanado de los alemanes, certeros en las recuperaciones, precisos en las combinaciones y rápidos para desplazarse por todos los sectores de la cancha. 

El Barsa, sin Suárez, con Xavi por Iniesta, Messi oculto y Neymar desconectado, no fue ahogado por la ventaja de ese 3-0 logrado en el Nou Camp. El final de juego fue un renacer para Luis Enrique. Hoy, a esperar si el Real Madrid, como creo, resuelve al Juventus y también avanza a la final de Berlín.