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Hubo un tiempo en que el periodismo se desesperaba por ir al entrenamiento de un boxeador. Había tanto por descubrir que el interés mayúsculo se explicaba. Recuerdo cuando vino Castellini en 1977 para exponer su cinturón medio júnior de la AMB frente a Eddy Gazo. Todos nos precipitamos hacia el ruinoso gimnasio destapado y con cuatro graderíos, ubicado en las vecindades de Ciudad Jardín, y salimos impresionados.

Castellini era muscularmente un fortachón, golpeaba el costal con furia y atacó a los sparrings con ganchos abajo. ¡Uhhh! pensamos, será un rival extremadamente difícil y “El Curro” Dossman, entrenador panameño de Gazo, estuvo de acuerdo cuando fue informado. “Me dicen que es muy fuerte, pero que necesitará más de sus golpes rectos que de los ganchos”, expresó. En tanto Gazo con su boxeo confuso, no permitía ningún enfoque preciso. El cronista argentino Emilio Ferés, del diario La Nación, dijo: “Su boxeo desordenado lo convierte en un crucigrama”, coincidiendo con Tito Lectoure. Finalmente, ganó Gazo contra pronósticos.

Hoy, no es necesario ir al entrenamiento de un boxeador. YouTube nos proporciona todas sus peleas y no quedan secretos en el baúl. Antes de entrar al ring hace unas noches, Floyd Mayweather y Manny Pacquiao se conocían de memoria. Todos sabíamos como plantearía la pelea el estadounidense y cuál sería la probable intención inicial del filipino, lo que no ocurrió por cautela obligada.

Igual ocurre con Román González, nuestro “Chocolatito”, de quien un analista como el chino Steve Kim de Boxing Max dijo que “lo tiene todo” para someter al veterano mexicano de 35 años Edgar Sosa. El jab de Román, su facilidad para combinar esa derecha, la pierna adelantada para cerrar salidas y ganar impulso en sus descargas, sus movimientos laterales, esa habilidad para contragolpear, sus recursos para agredir en corto arriba y abajo, esas piernas ágiles, que tipo de dificultades se le pueden fabricar en las sogas. De todo eso está enterado Sosa, igual que lo estuvieron Yaegashi, Rocky Fuentes y Valentín León, cada uno de ellos vencido por el peleador sin secretos.

También en el campamento del nica debe haber sido procesada la información sobre el azteca, un peleador naturalmente en línea de decrecimiento, con suficiente experiencia, quien advierte pretender ir ganando round tras round, a sabiendas, igual que Pacquiao frente a Mayweather, que eso es tan poco probable, como cortar las cabezas de la Medusa en la oscuridad.

Mientras el tiempo pasa, hay algo que el viento no se puede llevar, y es el asombro de ver la gama de habilidades que exhibe “Chocolate”, sin necesidad de haber pasado por entrenadores calificados y costosos como los de Alexis y Rosendo. Hasta hoy, el muchacho solo ha utilizado un buen espejo y escuchar a Arnulfo Obando, para llegar a ser ese peleador brillante que todos admiramos y que debe resolver a Sosa mañana en Inglewood.

¿Alguien se acostará hoy dudando de eso?