Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni

No parecía haber forma de detenerlos; después de 19 victorias consecutivas, los Celtics de Boston daban la impresión de estar avanzando por la carretera de la grandiosidad, impulsados por un huracán; se mostraban inmunes a cualquier veneno; destrozaban defensas fabricando magia con una facilidad enloquecedora; su inspiración no se agotaba.

Los Lakers estaban bien informados; habían seguido paso a paso ese desborde de quienes fueron sus verdugos implacables en la última final de la NBA, y habían estudiado, además, cómo poder sujetarlos; se armaron con agallas, clase y la necesaria vitalidad para intentar la misión considerada imposible; y lo lograron con ventaja de nueve puntos, 92-83, doblando las rodillas de los Celtics para deleite de la multitud que con su júbilo incontrolable, hizo hincharse el majestuoso Staples Center en Los Ángeles.

¿Fue esta victoria, rubricada con ese cierre violento, una seria advertencia para la tropa de Garnett, Pierce y Rondo? No propiamente, porque los de Boston también están enterados del potencial que tiene el equipo cuyos hilos son manejados por Phil Jackson, quien precisamente obtuvo su triunfo mil como entrenador.

Cuando en el tercer período los Lakers cabalgaban sobre una ventaja de ocho puntos, los Celtics, vistos en la pantalla de la ABC, Canal 49 de Estesa, sonrieron sin malicia, pero con autosuficiencia, recordando cómo en el cuarto juego de la final, hace unos meses, borraron una desventaja de 24 con tal autoridad, que provocaron asombro.

Rápidamente los de Boston se volcaron deshilachando la defensa que los había aprisionado y se colocaron en ventaja de dos puntos, pero los Lakers no se aflojaron ni se entregaron, como lo hicieron aquella noche, perdidos en la confusión, aproximándose a los ciegos que protagonizan la novela de Saramago llevada a la pantalla. En esta ocasión los Lakers mostraron capacidad, confianza y destreza para responder, fajarse y volver a crecer.

En el último cuarto, dos puntos de Garnett faltando 1.44 minutos, estrecharon la pizarra 85-83 a favor de los Lakers. Se escuchaba claramente el rascar de cabezas y el ruido que produce la angustia arrugando corazones. El pase de Kobe a Gasol, que serpenteó por el centro y con un magistral “cuchareado” depositó el balón en el cesto, proporcionó a los Lakers ventaja 87-83 con 1.28 minutos pendientes. Gasol acertó el tiro libre por haber sido fauleado sobre la acción, y ese estirón 88-83 adquirió a esa altura del duelo un gran significado.

Clave para un resurgimiento de última hora sería la arremetida de los Celtics, pero la triangulación no funcionó, perdieron la pelota, y en fulminante contragolpe, los Lakers, con un espectacular “dunk” de Travis Ariza, continuaron con el desangre de los verdes 90-83.

Faltaba, sí, el tiro de gracia, y después que Paul Pierce falló un segundo intento de triple, Bryant, en maniobra personal, se filtró por el centro y, contorsionándose debajo del cesto, clavó el último doble para sellar el 92-83.

Fue así como, doblando sus rodillas, cayeron los Celtics.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus