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Los Warriors de Golden State están adelante 2-0 después de vencer 99-98 a los Rockets de Houston en un partido, cuyo final aceleró corazones que intentaban escapar por las gargantas de 20 mil aficionados en el sitio, y centenares de miles que seguían el frenético accionar por televisión. Me sigo preguntando: ¿Cómo fue posible que James Harden, obviamente el mejor hombre imaginable para un gigantesco momento cumbre, de pulso, corazón y cerebro, perdiera la posesión del balón en el último grito del drama, sintiendo como la tierra se lo tragaba?

Harden no es Michael Jordan por supuesto. Así que no era seguro que acertara su disparo y le arrebatara la victoria a los Warriors empatando la serie, pero ¿de cuántas maneras podemos imaginar el desenlace de una oportunidad no utilizada?

Y la culpa fue de Harden, precisamente el hombre de la noche con 38 puntos, 10 rebotes y 9 asistencias, casi un triple doble en una clara muestra de lo trascendente de su aporte, ligeramente superior al de Stephen Curry con 33 puntos, 3 rebotes, 6 asistencias y 5 triples, más esa incidencia que adquiere mientras parece moverse en un salón de espejos y que enloquece al enemigo.

CONTRA RELOJ
Con los Warriors desequilibrados después de una doble falla, Harden tomó la bola contra reloj con 6.9 segundos pendientes, y un aullido de temor, imposible de ocultar, cobijó la arena, mientras el público se retorcía de estremecimiento. Atrás había quedado suficiente angustia. En el segundo cuarto, los Rockets borraron una desventaja de 17 puntos (49-32) y forzaron un empate 55-55 en la mitad de la ruta, en la recta final, el sufrimiento fue imposible de graficar al ver desaparecer la ventaja de 8 puntos, siendo reducida a ese 99-98 estrujante.

¿Y qué hizo Harden? Lo esperado, volcándose con la furia que lo caracteriza hasta encontrarse con Curry, más bajo y menos fuerte aunque más hábil en movimientos, pero no un muro inexpugnable. Sorprendentemente con el reloj corriendo como el bólido de Lewis Hamilton, Harden pasó la pelota a Dwight Howard quien, no siendo un tirador largo sino una fiera debajo de los tableros, sintió una brasa en sus manos, devolviendo de inmediato la bola a Harden, gritándole casi ¡No pierdas tiempo!

OH NO, HARDEN SE ENREDA
Parece fantasioso decir que el balón regresó a poder de Harden ahora enfrentando a Curry y Thopmson. Tratar de abrirse paso entre ellos podría provocar una falla para dos libres, o quizás, Harden pasaría en busca del cesto. El “as” de los Rockets descartó el paso atrás que tan bien maneja, para fajarse. Apenas segundo y medio de vida, con las miradas del planeta basket encima de su siguiente movimiento, cuando Harden, enredándose en sus propios movimientos, asombrosamente pierde la pelota.

¡Oh no! En Houston todas las luces se apagaron mientras Curry lanzaba el balón tan lejos como el despeje de un defensa central de 300 libras en futbol. No hubo posibilidad utilizada y perdieron los Rockets. ¿Qué hubiera pasado de haber logrado disparar Harden? Eso será por siempre un misterio guardado en una de las tumbas de los faraones. El mejor hombre imaginable para manejar un momento cumbre, falló atravesando por una gran noche. La vida es redonda, salta, se encabrita y nadie es dueño del próximo instante.