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Alejandro Delmás/AS Deportes

El 26 de diciembre de 1908, en Sydney, Australia, Arthur John Johnson, “Jack” Johnson para la posteridad, se convirtió en el primer boxeador negro capaz de enarbolar un título mundial: Johnson se proclamó campeón de los pesos pesados tras vapulear al canadiense Tommy Burns.

Es imposible que nadie mejore ese toque de época que usó Jack London para describir aquello que pasó en Sydney el 26 de diciembre de 1908: "Todo se redujo al juego de un etíope pleno de facultades, Johnson, con un pequeño blanco raquítico, Tommy Burns... un juego entre un coloso y un pigmeo. Burns fue un juguete en las manos de Johnson. Jim Jeffries debe emerger de su granja de alfalfa y remover la dorada sonrisa de Johnson. De ti depende".

London, un laborista convencido de San Francisco, llegó a ser encarcelado por vagabundeo en la penitenciaría de Erie County, Nueva York ("tremendo abismo de la degradación humana"). Se marchó a Alaska, Klondike, en plena fiebre del oro, y, de su estancia en semejante escenario, se trajo el escorbuto... y libros tan memorables como Colmillo Blanco o La Llamada de la Selva. Escribió esas líneas del combate de Sydney para el periódico New York Herald. Hoy, esas líneas podrían escandalizar. Pero, sencillamente, han pasado 100 años del episodio de Sydney: no hay escorbuto, no hay fiebre del oro, no hay...

Johnson, exuberante negrazo surgido de los muelles de Galveston, Texas, llevaba casi tres años a la caza de Burns, que en realidad se llamaba Noah Brusso. Para la época, las medidas antropométricas de Johnson resultaban fascinantes: 1.87 de altura, y 1.90 de envergadura o alcance de brazos. En este departamento aventajaba a Burns en 13 centímetros. La gente se maravillaba ante la actividad amorosa del coloso de Galveston, y él se refocilaba: "El secreto es que como anguilas en gelatina y que, cuando estoy con una mujer, me evado en pensamientos lejanos, distantes..."

El combate.

Harto de destrozar a otros boxeadores de su raza (Joe Jeanette, Sam Langford...), Johnson compraba entradas de ringside para mortificar y provocar a Burns en cada combate. Al fin, el 26 de diciembre de 1908, en Rushcutters Bay, Sydney, sonó su hora. El pesaje agrandó a Johnson: 88.8 kilogramos... y sólo 77 kilos para Burns: 24 libras menos. 20,000 espectadores testificaron el evento, arbitrado por el mismo promotor, Hugh McIntosh: es que Jack Johnson no se fiaba de nadie más.

La paliza fue brutal. Burns ya fue contado hasta ocho en el primer asalto, tras una derecha demoledora. "Pobre viejo Tahmmy", gritaba Johnson, que convirtió en pulpa a Burns. En el asalto 14, la Policía detuvo la masacre: McIntosh no quería parar, por miedo a los furiosos espectadores blancos. Al fin, se decretó KO técnico.

Y, en efecto, el ex campeón Jeffries abandonó la granja, como London rogó: y Jeff fracasó ante Johnson, que luego se estrelló ante otra torre blanca: Jess Wiillard. La primera mujer de Johnson, Etta Duryea, se suicidó en 1911. Jack tuvo nightclubs en Chicago y Nueva York. Murió en 1946: accidente de coche. Y fue enterrado junto a Etta, en Graceland, Illinois. Y la tumba del exuberante etíope ni siquiera tiene un nombre...

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