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Después del furioso cañoneo que incluyó 37 triples, en medio de las columnas de humo que rodeaban el entusiasmo indescriptible por haber evitado la humillación de una barrida, el “as” de los Rockets, James Harden, quien fue capaz de mantener los aros vibrando frenéticamente con sus 45 puntos, dijo para si mismo “vamos a intentarlo”.

Se refería al milagro improbable de ganarle cuatro juegos seguidos a estos Warriors, que durante un primer tiempo completamente oscurecido por su irregularidad, vieron como su tan promocionada defensa, era convertida en añicos por una ofensiva de 45 puntos en apenas 12 minutos. El marcador de 45-22 en el primer cuarto, facilitó a los Rockies, avanzar hacia una victoria 128-115 aunque saltando sobre algunas dificultades, y soñar con una proeza sin precedentes: voltear un 0-3 en postemporada.

CURRY SALE DEL DRAMA

No ocurrirá. Pienso que sería un derrumbe tan inesperadamente estrepitoso, como el de cualquiera de las Pirámides de Egipto sacada de sitio por un huracán. Me atrevería decir que es una Misión Imposible, porque Stephen Curry demostró que puede regresar a su nivel habitual de rendimiento, después de ese aterrizaje clavando su cabeza contra el piso y torciéndose dramáticamente el cuello. 

Cuando Curry quedó inmovilizado, como si hubiera sido aplastado, un terrible escalofrío cobijó toda el área de la bahía en Oakland. Por un momento se pensó: Sin su pilar fundamental ¿cómo sobrevivir a un posible resurgimiento de los Rockets, que arrebataron a los Clippers una serie que perdían 1-3?

Después de 12 minutos cargados de suspenso, Curry regresó para fallar un triple y hacer una mala entrega. ¡Qué importaba eso! El “as” estaba en pie de guerra, y minutos más tarde, alcanzó su nivel de rendimiento mientras los Warriors se aproximaban a 7 puntos (95-102) con nueve minutos y medio pendientes, tiempo suficiente para sembrar futuro y recoger la cosecha. Pero los Rockets se alejaron hasta 114-98 aprovechando un largo apagón de Golden State. Esa ventaja con 4.40 minutos por jugar y Harden desbordado, fue una garantía.

QUE DUELO MÁS FURIOSO

Lo mejor de la noche, fue ese duelo de cañoneo largo que produjo 37 triples, 20 de los Warriors con 6 de Curry y 6 de Klay Thompson, y 17 de los Rockets, 7 de ellos producto de disparos realizados por el incontrolable Harden, sacando fuerzas extras de su espesa barba, quien cerró actuación con 17 puntos en el último cuarto.

Con el 128-115 en la caja fuerte, los Rockets comenzaron a soñar despiertos con un milagro: ganarle cuatro seguidos a estos Warriors. La misión, parece imposible, incluso para Peter Greaves, el protagonista de aquella atractiva serie por TV. No, no hay manera de imaginar un asalto de ese tipo a una fortaleza como la de Golden State. La batalla Curry-Harden no se extenderá tanto.