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La Federación Internacional de Futbol Asociación –FIFA- sigue practicando la política del avestruz. Esta mañana escondió la cabeza bajo tierra ante el alud de acusaciones y detenciones de que han sido objeto varios dirigentes suyos, muchos de ellos miembros del Comité Ejecutivo y en el que figura el expresidente de la Federación Nicaragüense de Futbol, Fenifut, Julio Rocha López.  

Tras renunciar al cargo de presidente de Fenifut en diciembre del 2012, Rocha asumió el cargo de Delegado de FIFA para países de habla hispana, ligado a la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Asociaciones de futbol, Concacaf, y se instaló en las oficinas de desarrollo con sede en México.

Rocha López estuvo al frente de Fenifut durante 26 años y amenazaba con seguir al frente de la federación por otro largo período, sin embargo, tras la visita del presidente de FIFA Joseph Blatter, en abril del 2011, el entonces director de Fenifut, decidió ceder su puesto a Rolando López Sanders, disposición que sorprendió a propios y ajenos considerando que Rocha tenía la etiqueta de dictador al frente del organismo rector del futbol nicaragüense.

No es gratuito que las detenciones de dirigentes de la FIFA se hayan producido en Zúrich, donde se celebrará el viernes próximo el Comité Ejecutivo de la FIFA, el Congreso y las elecciones a la presidencia. Se ha buscado hacer justicia, lógicamente, pero de paso darle una nueva andanada a la línea de flotación del barco que dirige Joseph Blatter que lleva tiempo haciendo agua por todos lados.

Los órganos dirigentes (no los profesionales) no son más que el reflejo de quienes mandan en las diversas Confederaciones y Federaciones. Es decir, que la limpieza debería empezar por la base de la pirámide para llegar al final a la cúspide.