•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Todavía estoy golpeado por lo inesperado. Ver a Julio Rocha involucrado en un escándalo de corrupción de mayúsculas proporciones que cobija a la FIFA y aprieta obviamente a Joseph Blatter, su presidente de largos años con el propósito de extender su mandato, ha sido sorprendente. 

Conozco a Julio, coincidimos como jugadores de futbol en nuestra primera división, él entrando y yo saliendo; cultivamos una buena relación solo fracturada por mis críticas al Comité Olímpico Internacional, desembocando en una demanda, y trabajé con él en algunos momentos de su etapa como presidente de la federación pinolera. Lo acompañé a varias de sus actividades como comisario en juegos de trascendencia, me apoyó en algunas de mis presencias en Juegos Olímpicos y me consiguió la credencial para el Mundial de Sudáfrica. Naturalmente, tengo mucho que agradecerle.

CARGOS DEMOLEDORES

Por eso es que la información me aturdió. Más por la crueldad de una realidad insospechada y aparentemente innegable, que por la gravedad de la implicación. Quisiera que no fuera cierto, pero los cargos hechos a 14 personas, 7 de vinculación directa con la FIFA, son demoledores. Veo a Julio, un director de Desarrollo del poderoso organismo para esta zona y sus alrededores luego de desplegar un intenso y efectivo esfuerzo escalando la montaña de la superación, algo que consideré admirable por salir de un país pequeño y de poco significado futbolístico, en el hoyo.

No hay detalles específicos, pero cuando se habla de sobornos, fraudes y hasta lavado de dinero, fijándose una cifra próxima a los 150 millones de dólares, cualquiera se siente estremecido por una explosión como la del Vesubio. Julio debe sentirse en la lona mientras utiliza el derecho a defensa, del que habló la fiscal del Departamento de Justicia, Loretta Lynch. 

BLATTER GOLPEADO

El FBI informa que su presencia en Zúrich obedece al resultado de una investigación que se ha extendido por tres años y que contó con el aporte de las grabaciones logradas sigilosamente por un exmiembro de la FIFA, Chuck Blazer, quien utilizó un micrófono en su llavero y un informe de Michael García, de la Comisión de Ética. 

Algo que es evidente, es la escogencia del momento apropiado para golpear a Blatter, un dirigente que siempre ha estado expuesto a los cuestionamientos desde que reemplazó a Joao Havelange en 1998, iniciando su racha de permanencia. Y lo golpean porque todos los acusados forman parte de su equipo, y nadie cree que Blatter sea un tonto.

Fue un operativo fulminante. Incluso el pez gordo, Blatter, el supuesto “intocable”, no puede salir ileso. Lo siento por Julio y me gustaría que esto no fuera cierto. Un experto en administración hasta de dificultades parece no haber podido administrar su propio ascenso en la FIFA, deslizándose hasta lo caótico. Sigo aturdido. Lo confieso.