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Stephen Curry es formidable, capaz hasta de asombrarnos, pero no es Michael Jordan, no tiene su jefatura ni su incidencia, y además, no es seguro que pueda disponer del apoyo de Klay Thompson, quien sufrió una conmoción cerebral al recibir un rodillazo de Trevor Ariza en su cabeza, durante la victoria de cierre de los Warriors sobre los Rockets por 104-90 el 27 de mayo, y por lo tanto, no es recomendable su inclusión. En cambio, los Cavaliers, aún sin el aporte de Kevin Love y ciertas reservas sobre el estado físico de Kyre Irving, cuentan con LeBron James. La presencia de ese “Aquiles”, más la experiencia acumulada frente a exigencias mayúsculas de varios de sus hombres, inclinan la balanza de la final del lado de Cleveland.

UNA FIERA TEMIBLE
James, sin la menor discusión, el mejor jugador de la NBA y capaz de desequilibrar un juego de diferentes maneras como lo demuestra su frecuencia de “triples-dobles” en puntos, rebotes y asistencias, es un factor de peso significativo. Él estará en su quinta final consecutiva después de cuatro con el Heat de Miami conquistando dos coronas. Enfrentar a LeBron es como hacerlo con Hércules. Ni la Hidra de Lerna, ni el León de Nemea, ni el Jabalí de Erimanto, pudieron hacerlo. Es decir, que la creencia existente, mas allá de los números impresionantes registrados por los Warriors, es que ni con Stephen Curry podrán lograrlo frente a Lebrón.

Las lesiones han amputado a los dos equipos, y eso puede favorecer para que la inmensidad de Lebrón establezca diferencia. El equipo de Cleveland, que barrió a los Celtics de Boston fue llevado a seis juegos por los Bulls de Chicago al impulso de Derrick Rose, antes de barrer a los Halcones de Atlanta en los finales de la Conferencia del Este. Atrás quedó el liderato de Atlanta con sus 60 triunfos, 7 más que los Cavaliers y su superioridad por 3-1 en la serie particular. Lebrón hizo trizas todo eso.

TOMEN ASIENTO AMIGOS
Golden State no puede ser subestimado. Sus 67 victorias y paso por los Play Offs pese a ser exigidos por Memphis, indican su potencial como rival temible, pero las dudas sobre Thompson, fuerte canastero y de gran importancia en los tableros, debilitan sus posibilidades, más que las de Cleveland sin Love, una vez recuperado Irving. Pese a esos inconvenientes, la serie ofrece suficientes atractivos, más allá de ser presentada como Lebrón contra Curry.

Tomen asiento y no se asusten cuando las pantallas de sus televisores dé la impresión de vibrar frenéticamente hasta aproximarse a un punto de estallido. Ahí estará Lebrón en acción, cubriendo toda la cancha, mostrándose capaz de cargar con cualquiera de las Pirámides y cambiarla de sitio, ofreciendo un espectáculo impresionante que vale la pena ver.