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Metido hasta el cuello en la olla de presión, aguijoneado por cuestionamientos que cortaban como si fueran cuchillas bien afiladas trozos de un sistema corrupto en la FIFA, Joseph Blatter, agobiado, dando la impresión de ser un boxeador que ha recibido muchos golpes y dobla sus rodillas con la guardia abajo y la mirada perdida, decidió tirar la toalla y renunciar a la presidencia del máximo organismo del futbol mundial, después de un acto de sobrevivencia sorprendente en medio del caos. El dirigente caracterizado por su arrogancia y desfachatez frente a las dificultades, dio la espalda y finalmente gritó ¡No más! ¡No más!, ¡Está bueno ya!

NO TENÍA ESCAPE
¿Se ha cerrado un capítulo largo y bochornoso iniciado en la época de Joao Havelange con Blatter como secretario general? Es lo que se cree, sin certeza de terminar con la corrupción, que ha sido un “modo operativo constante” en las altas esferas del futbol mundial, y que para continuar, necesitará de mejores disfraces, lo que plantea un reto mayúsculo para evitarlo. Un hombre tan apegado a la jactancia que dijo en tono amenazante luego de ser reelecto “Perdono, pero no olvido”, siguió siendo desnudado en un apretar de tuercas implacable, hasta ser obligado a renunciar como si estuviera luchando contra reloj, recurriendo siempre al cinismo: “Aprecio y adoro a la FIFA, más que cualquier otra cosa”, lo cual, no admite dudas.

Tiras la toalla cuando sientes no tener la menor posibilidad de sobrevivir. “Fue una decisión valiente. No tenía otra salida”, dijo el hombre fuerte de la UEFA Michael Platini, quien de inmediato salto al tapete como gran aspirante, al frente de un grupo que completan el príncipe Alí Bin Al Hussein, Luis Figo y Michael van Pragg. Se pensó que Blatter se tomaría unos días para estudiar si podría resistir las embestidas de la adversidad en el nuevo paralelogramo de fuerzas, reflexionar sobre lo difícil que es manejar un organismo sentado sobre las brasas, y hacer un cálculo de la lluvia de dardos que estarían siendo disparados en su contra. Con la soga apretando su cuello, tomó una decisión rápida entre renunciar, suicidarse o ser acribillado.

¿QUÉ FUE LO NEGOCIABLE?
Si el Departamento de Justicia de los Estados Unidos sacó máximo provecho de una negociación con Chuck Blazer, quien funcionó eficazmente como un doble agente acumulando pruebas, pienso que detrás de la renuncia de Blatter tiene que haber otra negociación, solo posible con la presidencia de la FIFA en poder del suizo. Perdido el round de la elección pese al brutal impacto provocado dejando groggy a Blatter, quedaba el legítimo y demoledor recurso de intensificar la presión, hasta doblarle el brazo y la voluntad. Viejo zorro, capaz de traicionar a Havelange sin perder su confianza antes de enfrentar a Johansson en 1998, y derrotarlo con el apoyo del brasileño, Blatter solo podía estar en condiciones de llegar a un arreglo garantizando su renuncia. Se supone que la discusión de las sedes de Rusia y Qatar, supuestamente obtenidas con una incidencia decisiva de Blatter respondiendo a compromisos grabados en mármol, será engavetada.

Algo más, mientras se habla de profundizar las investigaciones, Blatter seguirá vinculado a las riendas de la FIFA hasta que se proceda a las nuevas elecciones, con la esperanza no de una nueva FIFA con los mismos vicios, sino de una FIFA diferente, comprometida con presente y futuro en un proceso de restauración, como se ha hecho con varias obras que brillan en el Museo de Louvre. Hay muchas intrigas sobre lo que puede ocurrir detrás de la renuncia de Blatter, pero lo esencial, como lo era salir de él, se ha concretado, no por su “amor a la FIFA”, sino por un natural instinto de conservación.

Detrás de Blatter ha quedado aquello que el poder proviene de mentir, de mentir en grande y hacer que todo el mundo te siga la corriente.

Las mentiras hacen que un sistema distorsionado funcione, hasta que se quiebran las tuercas.