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Lionel Messi no lloró en el vientre de su madre. Nació con los ojos abiertos y saltó hacia un balón que escondió en su pie izquierdo, tal como lo imaginó Eduardo Galeano. “La pulga” se ha convertido en el más difícil rompecabezas del futbol y mantiene a Massimiliano Allegri, técnico del Juventus italiano, girando alrededor de múltiples variantes sobre la forma de anular al argentino, borrándolas y volviéndolas a dibujar, sin convencimiento de su efectividad. Y es que la destreza de Messi le permite hacer trazos tan magistrales en la cancha, que parecen no tener principio ni fin.

PELIGRO, CAMPO MINADO
Michael Laudrup considera que aun controlando el accionar de Messi, complicadísima misión, no se encadena al Barsa, que dispondrá de mayores espacios para las maniobras de Neymar, Suárez, Iniesta y Rakitic. ¿Cómo escapar al peligro en un campo minado? Esa es la gran intriga que intentará hacer estallar el Juventus en el Estadio de Berlín, interesado en la realización de un preciso trabajo aprieta tuercas que reduzca la rapidez, capacidad de penetración y frecuencia en los disparos del equipo azulgrana.

Giorgo Chiellini, que enfrentando problemas musculares está casi descartado para la final, insiste en que el gran gol de Messi desajustando por completo la defensa del Bilbao en la batalla por la Copa del Rey, nunca lo hubiera conseguido contra una defensa italiana. De pronto, Chiellini olvida que el Real Madrid, pese a ser eliminado con el empate 1-1 en el Bernabéu, estuvo entrando al área y registrando 22 disparos. Hay muchas fotos de Benzema en el área chica, de Cristiano proyectándose en el área, de James maniobrando y de Bale fabricando peligro.

NO SACRIFICAR TANTO
El gol que garantizaba el tiempo extra no se produjo por desvíos de puntería en el último instante de cada acción por parte del equipo merengue, no por la forma de morder de la defensa italiana. No se sabe si Allegri, en un sacrificio extremo, está pensando en un amontonamiento en el área como el del Chelsea cuando eliminó al Barsa, mientras se trata de “embotellar” la magia de Messi, capaz de abrir las puertas de Troya zigzagueando al descubierto, sin necesidad de ocultarse en un caballo de madera.

Si la “preocupación Messi” mantiene activadas las alarmas del Juventus y multiplica las imágenes de Neymar y Suárez, dos piezas claves en el engranaje del equipo italiano como Pirlo y Pogba perderían proyecciones ofensivas, agregándose en las contenciones y tratando de evitar las rápidas recuperaciones azulgranas. Uno supone que Tévez estará amenazante moviéndose en “el vecindario” de Mascherano y Piqué, como lo hizo Ramírez del Chelsea en el 2012, hasta que logró “fugarse” y clavar el dardo envenenado que mató al Barsa al fallar Messi un penal contra el travesaño y hacer rebotar un disparo en el poste. Es obvio que el Juventus se va a refugiar en sus opciones de contragolpear.

bEnjaular a Messi es una pretensión muy alta, sobre todo en momentos como este, con el argentino suelto, improvisador, penetrante, mortífero. Al descartar el marcaje hombre a hombre por considerarlo inútil, Allegri deja claro que tomará el riesgo de buscar cómo acorralarlo, exponiéndose a la presencia de Suárez por el centro y los desbordes y las apariciones de Neymar por la izquierda.

A pocas horas, parar a Messi se ha convertido en algo obsesivo que puede conspirar contra el funcionamiento del Juventus. Recordando a la Italia de Burgnich y Fachetti contra el Brasil de 1970, lo que dice Laudrup salta a la vista: en aquel tiempo, tratar de controlar a Pelé con tantos diablos sueltos como Jairzinho, Tostao, Rivelino y Gerson, fue finalmente un acto suicida. Cierto, apagado el genio desaparece la magia, pero ¿cómo conseguirlo?