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¿Cuándo fue la última vez que vimos un “dinosaurio” en la colina? ¡Uhhhh!, hace 40 años, en 1968, usando el uniforme de los Tigres de Detroit y ganando 31 juegos, cifra que hoy se ve tan improbable, como un correcto conteo de votos en elecciones caseras.

El derecho Denny McLain estuvo asombroso esa temporada. Previamente, el último ganador de 30 juegos había sido Dizzy Dean, de los Cardenales, en 1934, con balance de 30-7, es decir, que en el 68 de la Primavera de Praga y el drama de Tlatelolco, McLain terminó con una sequía de 34 años.

Así que, a lo largo de 74 años McLain es el único ganador de 30 que el béisbol ha visto. Ni siquiera auténticos “monstruos” como Bob Gibson, Sandy Koufax, Steve Carlton, Nolan Ryan, Roger Clemens o Randy Johnson lo lograron. Seamos claros, en una época en que los ganadores de 20 están escaseando, no hay quien piense en esa posibilidad, aun siendo inyectados por la excitación que provocan ritmos de arranque tan impresionantes como el de Bradon Webb, recientemente.

McLain, que se deslizó dramáticamente desde la grandeza hasta la delincuencia, siendo encarcelado, abrió 41 juegos en aquella temporada de fantasía, recorriendo todo el trayecto en 28 ocasiones, una cifra ahora insólita. Registró seis blanqueos a los largo de 336 entradas, con un fulgurante promedio de 1.96 en efectividad.


El inicio fue lento
No crean que McLain arrancó como un tiro. Sin decisión en sus primeras dos aperturas, tuvo que esperar hasta el 21 de abril para derrotar a los Medias Blancas y continuar el 27 blanqueando a los Yanquis, para entrar a mayo con 2-0. Este año, a esa misma altura, el as de espadas de Arizona, Brandon Webb, presentaba balance de 6-0 viajando a bordo de un Ferrari en busca de las 30 victorias.

McLain creció con seis victorias en mayo, perdiendo con los Orioles, y golpeó las puertas de junio con 8-1, en tanto Webb lo hizo con un espectacular 10-2, siempre adelante, manteniendo latente su persecución de la hazaña.

Es a partir de este momento que McLain se dispara como lo hace el fondista etíope Kennenisa Bekele, tanto en cinco como en diez mil metros. Con seis victorias en junio y siete en julio; McLain dio la impresión de ser un potro desbocado. Su balance de 21-3, con dos meses pendientes, obligó a que todos los reflectores giraran hacia él. Webb, con su escopeta recortada, sólo pudo ganar dos en junio y tres en julio, viendo desvanecerse drásticamente su pretensión.

No aflojó cerrando
McLain, inspirado, crecido, alargando su dominio, no se detuvo. Cinco triunfos en agosto y cinco en septiembre lo llevaron al total de 31, quitándole toda intriga al Cy Young de la Liga Americana ese año. Su última victoria fue el 19 de septiembre, 6x2 contra los Yanquis, superando al ganador de 20 juegos Mel Stottlemyre.

Cerró mostrando su brillantez durante una derrota 2x1 frente a los Orioles el día 23, y saliendo sin decisión el 28 después de trabajar siete ceros con pitcheo de dos hits contra los Senadores de Washington. Ese juego, que terminó 2x1, fue ganado por el cubano Camilo Pascual.

Cuarenta años después, los que más se han acercado como retadores --siendo muy pocos-- han llegado a 27 triunfos.


Grandes frustraciones
Cuando Gene Autry, el dueño de los “Serafines” de California consiguió los cañones de Don Bylor, Bobby Grich, Joe Rudi y Lyman Bostock, los entendidos en béisbol vaticinaron que el próximo ganador de 30 juegos estaría entre el zurdo Frank Tanana y el exterminador Nolan Ryan. Pero en ese 1978, Ryan y Tanana ni siquiera llegaron a las 20 victorias, y lo que fue más decepcionante, el primero de ellos terminó con un desastroso balance de 10-13.

Otra gran posibilidad dibujada sobre el arco iris fue cuando los Rojos obtuvieron a Tom Seaver de los Mets de Nueva York. Se pensó, con mucha lógica, por cierto, que con el respaldo de un equipo tan agresivo, el espectacular derecho sería un cómodo ganador de 30 juegos. Pero Seaver necesitó dos campañas para sumar 32 victorias. En su primer intento ganó 16 y perdió 14, y en el 79 registró un balance de 16-6. Él nunca estuvo próximo a la cifra soñada, símbolo de dominio, y los expertos quedaron rascándose sus cabezas.

Tomando en consideración que la temporada se extiende por seis meses, se necesita ganar un promedio de cinco juegos mensuales para ir en busca de los 30. Sólo pensar en ese ritmo extremadamente exigente obliga a sudar, aun estando metidos en una hielera.


Los más próximos
En 1972, el zurdo Steve Carlton llegó a 27 victorias lanzando para un equipo de último lugar, como aquellos Filis, que sólo ganaron 59 veces mientras sufrían 97 derrotas... ¿Cómo fue posible que Carlton se aproximara al 50 por ciento de aporte del total de éxitos de un equipo? Esa es una hazaña con asterisco. Carlton le sacó 20 triunfos de ventaja al segundo pitcher más positivo del staff. Igual que McLain, el zurdo Carlton abrió 41 juegos, completó 30, mientras aseguraba la Triple Corona del pitcheo en la Liga Nacional, con 1.98 en carrera limpias y 310 ponches.

En la temporada de 1978 todo el interés cobijó al zurdo de los Yanquis Ron Guidry, un pitcher que lanzaba pelotas afiladas con trayectorias bien diseñadas, según el decir del gran cronista Joseph Durso. Guidry despegó como lo hace el tren expreso que viaja entre Madrid y Sevilla, ganando 13 juegos. Parecía invencible, hasta que unos inspirados Cerveceros de Milwaukee lo trajeron de regreso a tierra cortándole la racha. Necesitó de un juego extra contra Boston para obtener su triunfo 25, perdiendo apenas tres veces.

En 1980 apareció en pantalla un inesperado retador de McLain, el poco visible derecho de los Orioles, Steve Stone. Después de ganar 12 y perder 12 con los Medias Blancas en 1978 a la edad de 30 años, Stone pasó a los Orioles como un quinto brazo detrás de Jim Palmer, Mike Flanagan, Scott McGregor y Denis Martínez, con Sammy Stewart creciendo a la orilla. En 1979, durante la temporada del Cy Young de Flanagan y con los problemas en el brazo de Palmer, Stone ganó 11 y perdió siete debutando con Baltimore. ¿Alguien esperaba verlo saltar tan bruscamente hacia la notoriedad en 1980? Sin embargo, Stone, bien respaldado ofensivamente y contando con un bullpen efectivo, ganó 25 juegos. Nunca más se hizo sentir. Lo volvimos a perder de vista luego de su esplendor efímero.

La última gran arremetida ha sido la del derecho de los Atléticos de Oakland Bob Welch, en 1990. En un equipo impulsado por McGwire y Canseco, capaz de ganar 103 juegos, Welch estuvo fenomenal en ruta hacia 27 victorias en 35 aperturas, es decir, cuatro menos que las de McLain en el 68.

¿Cuándo el próximo ganador de 30? Hasta hoy esa ha sido, y creemos, seguirá siendo una misión improbable. Con apenas 32 ó 34 aperturas en el béisbol actual y rotaciones de cinco hombres, ganar 30 es descartable.

McLain es el último “dinosaurio”. El único a lo largo de 74 años, desde Dizzy Dean, cuando aquí se viajaba en carretas y las calles eran polvorientas.

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