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Matthew Leach / MLB.com
Hace unos pocos años, se daba como un hecho que Mark McGwire llegaría fácilmente al Salón de la Fama del béisbol.

Cómo han cambiado los tiempos.

McGwire, quien se retiró como el quinto mayor jonronero en la historia (ahora ocupa el octavo lugar), parecía estar rumbo a Cooperstown cuando se retiró después de la temporada de 2001. Pero desde entonces, el tema de las sustancias para aumentar el rendimiento en el béisbol ha estado bien presente, y McGwire es la primera “víctima” en las votaciones para el Salón de la Fama.

“Big Mac” recibió el 23.5% de los votos en su primera oportunidad hace dos años, noveno entre los candidatos en el boleto. Fue más que suficiente para poder seguir en la papeleta. El año pasado el resultado fue prácticamente igual, en el noveno lugar, con 128 votos, es decir el 23.6%.

Un candidato debe recibir el 75% de los votos para ingresar al Salón de la Fama, con Jim Rice (72.2% el año pasado), Andre Dawson (65.9%) y Bert Blyleven (61.9%) como los candidatos con más posibilidades volviendo a la papeleta en 2008-09.

Rickey Henderson, cuya carrera comprendió 25 años con nueve equipos, es el mayor nombre entre los nuevos en el boleto. Henderson es el líder de todos los tiempos en anotadas (2,295), bases robadas (1.406) y segundo en bases por bolas recibidas (2,190).

Los resultados de las votaciones serán anunciados el lunes 12 de enero.

McGwire ha reconocido el uso de androstenedione, un precursor de esteroides, pero no ha confirmado el consumo de ninguna otra sustancia para aumentar el rendimiento. Se retiró antes de que existieran pruebas por esteroides en el béisbol. Fue acusado de consumir esteroides por su ex compañero en los Atléticos, José Canseco, en el libro de éste, “Juiced”. En 2005, ante el Congreso, McGwire rehusó hablar del tema de esteroides, limitándose a decir que no quería “hablar del pasado” y que quería “convertir algo negativo en algo positivo”.

Para la mayoría de los expertos, la cuestión de posible dopaje es lo único que se le puede criticar. Fue un toletero formidable y un primera base defensivo algo subestimado. Participó en 12 Juegos de Estrellas, ganó un Guante de Oro en 1990 y terminó dentro de los primeros 10 en las votaciones para JMV en 10 ocasiones. Está en el noveno lugar de todos los tiempos en slugging, octavo en jonrones y primero en proporción de turnos por cada cuadrangular. McGwire jugó en seis postemporadas y asistió a tres Series Mundiales y fue campeón del Clásico de Otoño en 1989, con Oakland.

Su promedio de por vida de .263 le quita algo, pero eso aparte, si borras las interrogantes de dopaje, McGwire es un claro Salón de la Fama.

“Para mí no ha cambiado mi opinión sobre él, en el sentido de que creo en él, y lo que él hizo en su carrera, su producción y los logros históricos”, dijo el manager de los Cardenales, Tony La Russa, quien dirigió a McGwire tanto en Oakland como en San Luis. “Me gustaría verlo con ese honor más temprano que tarde.”

Cuando McGwire fue novato con los Atléticos en 1987, fue todo un fenómeno. Conectó 49 jonrones, muchos de los cuales fuero kilométricos. Recibió 71 bases por bolas con excelente ojo para un bateador de poder, y logró todo eso en estadios muy favorables para los lanzadores en aquella época.

Siguió con 32, 33 y 39 cuadrangulares en 1988, 1989 y 1990 con un equipo de Oakland que fue campeón de la Liga Americana en dichos años. Después de una temporada por debajo en 1991, McGwire dio 42 vuelacercas en 1992, sólo para luchar contra las lesiones en 1993 y 1994.

Cuando volvió en salud en 1995, fue algo fuera de serie. Bateó para más promedio, recibió más bases por bolas y conectó cuadrangulares como nunca antes. De 1995 a 2000, bateó 316 jonrones, es decir uno cada 8.06 turnos.

Ahora McGwire vuelve a la papeleta para el Salón de la Fama por una tercera ocasión. Es otra oportunidad de ver si los votantes se basarán en lo que hizo “Big Mac” en el terreno, o en lo que pudo haber hecho o no fuera de él, o ante un comité congresional.

Si los primeros dos resultados son un indicio de sus posibilidades, le falta mucho para llegar a Cooperstown.