Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni
Me gusta mucho “la paella”, ese plato con tradición española que se ha popularizado en América Latina. Uno de sus grandes atractivos es el factor sorpresa: difícilmente usted va a encontrar dos “paellas” iguales. Como se puede hacer de diferentes formas y utilizando variados ingredientes, uno está adivinando mientras llega la paila a la mesa y puede por fin verle la cara.

Exactamente “eso” es Doble Play, el programa radial que hoy cumple 28 años sin interrupción, los últimos 11 en radio La Primerísima, ahora en 91.7 FM. Ustedes nunca conocen su agenda, porque, sencillamente, no tiene. Temas políticos, cotidianos, puntos de vista sobre telenovelas, paradas obligatorias alrededor de chismes y comidas, discusiones interminables hasta por el pronóstico del tiempo, polémicas deportivas y hasta sobre religión, todo eso se reúne en Doble Play, para muchos, próximos a la certeza, un programa habitualmente sin pies ni cabeza.

Cuando nació la idea en los últimos días de 1980, en la oficina de Carlos Guadamuz, en La Voz de Nicaragua, pensé de inmediato en Enrique Armas, el chavalo que desde sus 15 años, en 1977, trabajaba conmigo. Enrique con su dinámica y acuciosidad garantizaría lo deportivo con un estimable aporte en chismes, y yo le daría forma al resto del alboroto.

“Quiero hacer un programa diferente, en que se hable de todo un poco con preferencia en lo deportivo, que no se parezca a ninguno de todos los que han existido en Nicaragua”, le dije a Guadamuz, quien me respondió: “hacé lo que se te antoje”.

Y comenzamos el 2 de enero de 1981. Nunca pensé que caminaríamos tan largo, que hoy estaríamos llegando a los 28 años, la misma edad que tiene mi relación con Auxiliadora, quien maneja la parte financiera de Doble Play, para evitar que yo lo lleve a la bancarrota.

La gente se fue habituando a toda esa “paella” de ingredientes impredecibles. La audiencia femenina interesada en las telenovelas, creció fuertemente, en tanto lo político y lo cotidiano atraían otro tipo de oyentes. Rápidamente, Doble Play se convirtió en parte de la agenda diaria de muchos, y hay quienes se jactan de escuchar el programa desde su arranque.

Después de la derrota frente a Doña Violeta, hice solo un Doble Play que se extendió por dos horas, lamentando lo ocurrido, llamando a la reflexión, imponiéndonos exigencias frente a la adversidad y comprometiéndonos con el futuro. Yo era un creyente de los líderes revolucionarios en esa época. Aún no conocía bien a muchos.

Hoy, Doble Play descansa en la habilidad para reportear del incansable Miguel Mendoza y en la capacidad de análisis y versatilidad del competente René Pineda. Ahora yo soy el complemento de ellos, pero el programa sigue siendo una “paella” con sabor nica, sin pies y sin cabeza, eso sí, siempre interesante, abierto a todos los puntos de vista, algo que los oyentes aprecian.