Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni
Moviéndose históricamente a bordo de una montaña rusa, nuestro béisbol, por siempre imprevisible, entra a otra etapa intrigante con la nueva liga de béisbol que escapará al control de la Feniba, y que podría marcar el inicio de la salida de Carlos García, dándole unas palmadas de reconocimiento en la espalda.

El hombre fuerte que salta a la vista es Marlon Torres, Director de Deportes y dueño de la última palabra al frente de un interesante equipo de trabajo que puede llegar a ser muy funcional. Hay una garantía con Marlon y es su rectitud, avalada por su independencia partidaria. No se le podrá señalar como interesado en favorecer a tal o cual equipo. Su misión es hacer caminar un proyecto obligado a transitar –hasta donde se pueda- por el sendero de la austeridad.

La gran intriga es: ¿Qué clase de béisbol veremos? De vez en cuando, el problema del aburguesamiento, es el retorno a la pobreza. Lo vivimos en el inicio de los años 70, pero en otras circunstancias. Nos habíamos embriagado con aquella liga Profesional que se extendió entre 1956 y 1967, y cuando regresamos a los caites después de una pausa de casi tres años, nos encontramos con un béisbol que en sus primeros pasos fue frustrante.

Lo que ofrecieron las ligas caseras del 70 y el 71, la primera de ellas con sólo un bateador de .300 puntos, y la pobre actuación en el Mundial de Colombia, con casi todo el line-up siendo probado como cuarto bate, golpeó nuestras mandíbulas.

Sin embargo, la combinación de elementos fogueados, con suficiente experiencia, sometidos por Tony Castaño a una fase de pulimento, con aquella nueva generación de peloteros agresivos mostrando un excelente potencial, destacando Tony Chévez, Denis Martínez, Julio Cuarezma, Valeriano Mairena, Julio Hurtado, Porfirio Altamirano y otros, permitió captar señales de resurgimiento en el Mundial de Cuba realizado en 1971, hasta desembocar ruidosamente en el de 1972.

Nuestro béisbol logró mejorar rápidamente, y aquel titular que utilicé para la descripción del juego inaugural del 71 entre Chinandega y San Fernando, “No se puede jugar más mal”, fue olvidado.

Hoy, después de otra Profesional que sobrevivió cuatro años sin alcanzar el nivel de la anterior, con los mejores prospectos trabajando en las Ligas Menores, siguiendo las huellas de Vicente Padilla, regresamos a la pobreza en casa, con la esperanza de volver a ver proyectarse este béisbol hacia esferas de un rendimiento acorde con las exigencias.

La tarea es durísima, en tanto varios de los considerados grandes pilares, ahora cojean, usan barba y comienzan a peinar canas, pero existen valores estimables en plenitud de forma como Justo Rivas, Julio Raudez, Esteban Ramírez, Sandor Guido, Diego Sandino y varios más, que pueden ser inspiradores para el esperado oleaje de prospectos, si son sometidos a enseñanzas adecuadas.

Abrir espacio a esos nuevos valores, multiplica las posibilidades de ver tomar forma a las esperanzas. Esa es la gran apuesta de la nueva liga y lo que el público debe estimular.