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El Barcelona sufrió más de la cuenta pero sumó un nuevo triunfo 3-1 que le destaca todavía más como líder en una jornada en la que los duelos directos de sus rivales le pueden colocar en una situación todavía más propicia en sus aspiraciones ligueras.

El Mallorca, muy ordenado en defensa, se adelantó en un contragolpe de Aduriz y los de Guardiola, muy poco inspirados, tuvieron muchos problemas aunque terminaron remontando con goles de Henry e Iniesta, que volvía tras dos meses de lesión. Touré marcó el tercero en los instantes finales y el Barcelona respira tras salvar un partido que durante muchos minutos se convirtió en una trampa.

Superado de forma sobresaliente el tramo noble del calendario, Guardiola volvió a su política de rotaciones, forzado en parte por situaciones como el retraso de Messi en su vuelta de las vacaciones pero también con la mente puesta en el duelo de Copa ante el Atlético. Así, el Barcelona comenzó sin Alves, Busquets, Iniesta o el propio Messi, y con Víctor Sánchez como central y un tridente ofensivo formado por Hleb, Eto’o y Henry.

Un equipo atípico para un partido fundamental: rival teóricamente accesible y puntos que debían valer para comenzar el nuevo año sin perder las buenas sensaciones y, de paso, para evitar el rearme moral de sus perseguidores, que se aferran a la matemáticas en las horas previas a una jornada en la que los enfrentamientos directos (Real Madrid - Villarreal y Valencia - Atlético) se confabulan también con el incontestable líder.

Con una alineación extraña y mermada, y una sensación de relajo que poco tenía que ver con lo ofrecido en los partidos ante los grandes, los primeros 20 minutos del Barcelona fueron un horror. Sin la mayoría de sus generadores de juego (Messi, Iniesta, Alves) los azulgrana se estrellaban mansamente contra la muralla del Mallorca, un ordenado sistema ultra defensivo con Aduriz muy sólo en punta, un centro del campo muy poblado y una insistencia defensiva concentrada en anular a Xavi y en no conceder nunca superioridad numérica en las bandas.

Eso bastó a los de Manzano ante un equipo romo que movía el balón con una lentitud insufrible, sin fluidez ni desborde hasta regalar el balón a un rival que recibía los regalos y lanzaba a un Aduriz que, al cuarto de hora, arrancó tras error de Touré y se plantó ante Valdés, al que superó con una vaselina perfecta.

Antes de eso, Eto’o pudo marcar a bocajarro tras una gran asistencia del propio Touré. Después, durante muchos minutos, el Barcelona no tuvo otra respuesta que el mismo y desesperante encefalograma plano. Pero sobre el ecuador del primer tiempo el panorama cambió y el Mallorca comenzó a sufrir en cuanto el Barcelona, sin demasiado brillo, subió una marcha en su ritmo, comenzó a robar balones y encontró una zona de avance en la banda derecha. Sin Alves y Messi, Hleb y Puyol despertaron a su equipo y le pusieron energía al partido.

Ambos con su estilo: el bielorruso tan impreciso como bullicioso pero siempre esforzado e inquieto; el capitán, como lateral derecho (el puesto en el que debutó como azulgrana) con otro partido pleno de fuerza. A base de espíritu, profundizó por banda con la táctica de la avalancha, y eso bastó para que el balón rondara por fin el área balear, para que se sucedieran las jugadas a balón parado, para que los minutos empezaran a hacerse eternos para el Mallorca.