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Barcelona
Tenía dos opciones: darse por vencido o intentarlo por última vez. Se decantó por la segunda. Y eso que la enésima lesión de su carrera, hace casi un año, olía a punto y final. Pero en este tiempo ha persistido ante la adversidad y se ha salido con la suya.

El ‘Fenómeno’ volverá a vestirse de corto y lo hará en su país natal, en el Corinthians, un club al que le ha tocado la lotería.

Nadie apostaba un duro por él. Porque sus últimas imágenes sin camiseta enseñaban a un cervecero después de una verbena; porque el escándalo que protagonizó junto a unos travestis dejó por los suelos su reputación; y porque a su edad (32 años) la posibilidad de recuperarse de la tercera lesión grave de su carrera eran mínimas. Pero lo ha conseguido.

A base de trabajo, tesón y mucha voluntad. La rotura que sufrió en el tendón rotuliano de su rodilla izquierda el pasado 18 de febrero con la camiseta del Milán ya es agua pasada. Así lo han apuntado los especialistas del Corinthians, su nuevo club, que son los que dieron el visto bueno a su fichaje: ‘’La rodilla operada está en perfectas condiciones; el jugador únicamente se encuentra tres o cuatro kilos por encima de su peso ideal’’. O sea: nada que unas cuantas carreras no puedan solucionar.

Pasó a ser un riesgo
El fichaje de Ronaldo Luis Nazario de Lima por el club más importante de Brasil fue toda una sorpresa.

Clubs europeos como el Manchester City, que soñaba con formar una dupla carioca con Robinho, se interesaron por él en septiembre (el jugador estaba libre después de acabar el contrato con el Milán el 30 de junio) pero al final el club inglés se echó para atrás considerando que el poder de sus nuevos dueños árabes era capaz de apuntar a miras más altas.

Ronaldo hubiera aceptado la propuesta de los citizens con los ojos cerrados (“entre Robinho y yo marcaríamos unos 50 goles’’, llegó a decir) pero las dudas de la entidad sobre su estado físico frustraron ésa y otras operaciones como las que intentaron más tarde el Siena italiano o el PSG francés. Hasta el Besiktas de Turquía llegó a preguntar por él. A Ronaldo se lo han rifado estos últimos meses como al pescado en el puerto. Pero él ya tenía en mente que la mejor opción pasaba por acabar su carrera en Brasil. No más trampolines ni ‘puestas a punto’.

Disfrutar del deporte, en una liga menor, con los suyos, en casa: se convenció de que ésta debía ser la mejor hoja de ruta.

La apuesta de cerrar su ciclo profesional en el país que le vio crecer como persona y futbolista no era nueva. Pero varios factores acabaron de acelerar la decisión.

Los emolumentos fueron claves en la operación. Según ha trascendido, el ‘Fenómeno’ cobrará unos 6 millones de dólares en el único año de contrato que ha firmado, una cantidad irresistible que no ha querido desaprovechar, aunque para ello haya tenido que dejar en la estocada al club que le ofreció sus instalaciones estos últimos meses y que le permitió entrenarse con sus futbolistas, el popular Flamengo, un equipo al que Ronaldo siempre se ha referido como “el club de mis amores’’.

Toda una declaración de intenciones que el ‘Fla’ interpretó de la peor manera posible: pensaban que ‘Ronie’ retomaría su carrera con ellos y al final se ha acabado decantando por el rival por excelencia.

Gran expectación
La expectación que la vuelta de Ronaldo ha despertado en el mundo del balompié está totalmente justificada. Hablar de él es hacerlo del mejor jugador del mundo en 1996, 1997 y 2002 o del máximo anotador de la historia de los Mundiales, por citar dos ejemplos.

A excepción de la Liga de Campeones, además, ha conquistado todos los títulos colectivos e individuales habidos y por haber, aunque su reto a día de hoy no sea el de seguir coleccionándolos y sí el de debutar cuanto antes con su nuevo equipo (el próximo 17 de enero está previsto su estreno en un amistoso Corinthians-Boca Juniors) e instalarlo en la zona tranquila de la tabla (no hay que olvidar el ex equipo de Carlos Tévez es un recién ascendido a Primera).

En Sao Paulo la locura es tal que ya hablan de un “2009 Fenomenal’’, y la hinchada paulista -que se auto proclama “una banda de locos’’- ya inunda las calles con la camiseta de su nuevo ídolo, que volverá a lucir el ‘9’ tras llevar el dorsal ‘99’ en su etapa rossonera.

Ronaldo tenía derecho a volver a casa. Han sido 15 años en lo más alto del fútbol mundial. Casi nada. Su incursión en el profesionalismo de este deporte se remonta a 1993, que es cuando debutó en el Cruzeiro, marcó 41 goles en tres competiciones distintas y se hizo acreedor de la etiqueta de ‘mayor promesa del fútbol brasileño’. Con 17 años la selección absoluta llamó a sus puertas y de la mano de Carlos Alberto Parreira fue convocado para el Mundial de Estados Unidos, donde Romario y Bebeto condujeron a la canarinha hacia el título.

A pesar de no disputar ni un minuto de ese campeonato, el jugador ya había despertado la admiración de media Europa, aunque por aquel entonces no era muy habitual en las ligas poderosas apostar directamente por jugadores sudamericanos sin que éstos tuvieran algún tipo de experiencia en el viejo continente.

De ahí que su primer equipo fuera el PSV Eindhoven, el mismo club donde Romario había estado marcando goles antes de fichar por el Barça. Ronie siguió el mismo camino que ‘O Baixinho’ y, tras dos temporadas perforando redes en la Eredivise, aceptó la oferta de Núñez (20 millones de la época) y fichó por el club azulgrana.

El gran calvario
Ronaldo logró consagrarse en su etapa azulgrana como el mejor delantero del planeta. La explosividad en carrera con la que dejaba atrás a sus rivales dio lugar a un eslogan que luego utilizó una conocida marca de neumáticos: ‘La potencia sin control no sirve de nada’.

El Inter de Milán fue el siguiente destino del brasileño tras su espectacular temporada en el Barcelona.

El dinero, como casi siempre, terminó con el idilio. El jugador quería mejorar su contrato y Núñez esperar un poquito más. Los agentes de Ronaldo no tardaron en tensar la cuerda y el ex presidente azulgrana, fiel a su política, le abrió las puertas de par en par.

La traición con la que el barcelonismo interpretó su marcha contrastaba con la locura que desató la llegada de R9 a la capital lombarda. Allí, por primera vez en su carrera, estableció un vínculo profesional y sentimental con una entidad. Por algo el club presidido por Moratti –“mi segundo padre”, según el jugador- fue la casa de Ronaldo durante cinco largos años.

Un periodo en el que el jugador descubrió, por primera vez, el calvario de las lesiones. Tras una primera temporada sublime, con un campeonato de la UEFA en el que fue el máximo realizador, empezaron los problemas.

En el Mundial de Francia de 1998 recibió el primer aviso: unas convulsiones la noche antes de la final le impidieron despuntar y la canarinha mordió el polvo ante Zidane y compañía. No fueron las piernas; fue la cabeza la que no estaba preparada para aguantar tanta presión.

Ese susto fue el preludio de cuatro temporadas infernales, en las que se llegó a temer por su retirada. Primero fueron las constantes inflamaciones de los tendones rotulianos (algo frecuente en los futbolistas con una musculatura tan desarrollada), que le obligaron a entrar al quirófano por primera vez.

Y luego, el famoso 12 de abril del año 2000, fecha en la que el brasileño se rompió la rodilla derecha y tuvo que trabajar durante más de dos años en solitario para volver a ser el de antes.

Brasil esperaba a su delantero para 2002, en la cita mundialista. Scolari no le defraudó y se lo llevó a Corea y Japón.

Con Rivaldo y un joven Ronaldinho como escuderos, el ‘Fenómeno’ recuperó el trono.

El Madrid lo traspasó al Milán a principios de 2007, donde dejó detalles y una estadística correcta. De no haberse roto la rodilla buena, hoy tal vez seguiría goleando en San Siro, junto a dos ex compatriotas suyos y ganadores del ‘Balón de Oro’, Kaká y Ronaldinho.

Pero eso ya sería divagar demasiado. Ronaldo ha elegido acabar su carrera en Brasil. Fracase o no, nadie podrá reprocharle nada al más grande.