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Especial de domingo. Han pasado 25 años y las imágenes permanecen tercas, mostrando esa superación que tanto nos impresionó cuando se cerraron las puertas de aquel 1984. Luego de una intensa y fructífera actividad en el deporte pinolero, Julio Moya y Gustavo Herrera aparecieron en pantalla encabezando el tropel de recuerdos.

Claro, de haber competido Michelle Richardson por Nicaragua en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, su superioridad hubiese sido abrumadora. Esa medalla de plata en los 800 metros libres estaba por encima de cualquier otra proeza.

¡Qué trabajo el que hizo ese año el Instituto de Deportes con Yamil Zúñiga! Apoyo logístico dentro del marco de limitaciones imperantes, organización de constantes eventos internacionales en el terruño y participación en gran escala más allá de nuestras fronteras, permitieron que el deporte casero elevara su nivel.

No era necesario el menor titubeo o escalar por las difíciles laderas de análisis controversiales, para seleccionar a Julio Moya como el mejor soldado del deporte nica aquel año.

FUE ALGO FANTASIOSO
Un cuarto de siglo después, es preferible que se sienten en las butacas y ajusten sus cinturones, para relatarles lo grandioso que fue Moya. El derecho de los leones quebró casi todos los records existentes de pitcheo a nivel casero y estableció algunos como el 0.14 de efectividad, que para un trayecto ligeramente superior a los 125 innings parece inalcanzable por siempre.

Ahora, consideren los 34 scones consecutivos, sus casi 100 entradas sin permitir carrera limpia y más de 340 sin ceder jonrones. ¿No lo creen?, ¿Siguen asombrados?. Continúo mientras rascan sus cabezas.

Julio obtuvo con una facilidad aplastante la triple corona del pitcheo en el V Pomares, y no se detuvo. Agregó un récord de tres victorias en una semifinal de cinco juegos, y ese fulgurante 0.62 en efectividad a lo largo de toda la fase de cierre. Uno se preguntaba: ¿Y este fenómeno de dónde salió?.

Vuelvan a sentarse que no he terminado: En la Serie Mundial de ese año efectuada en Cuba, Moya se convirtió en el primer pitcher nicaragüense en vencer a Japón y empató el récord de cuatro victorias en un torneo de esos, fuera del alcance de los más grandes tiradores nicas desde los tiempos en que Andrés Castro acertó la cabeza del filibustero con un slider. A simple vista, lo de Moya parecía un invento de la fantasía, pero ocurrió y fue el atleta del año.

EL ORO Y EL TRANCAZO
¿Y qué decir de Gustavo Herrera? Este muchacho humilde y empeñado que logró levantarse de las derrotas sufridas en los Torneos “Paquito Espinoza”, “Pedro Soto”, “Cardin” y Los Ángeles, además de haber perdido en Honduras, saltó bruscamente a la notoriedad provocando impacto, venciendo espectacularmente al dominicano Sánchez en pelea saca-chispas, al cubano Ledon en una olla de presión, y al mejicano García en duelo de pistoleros. ¡Qué inmenso fue visto Herrera en el Polideportivo esa noche con su medalla de oro!
Ese humo de Julio Medina. El camarero de los rugidores, fue el bateador de más alto rendimiento en la Selección Nacional durante ese 1984 y sus ejecutorias defensivas lo convirtieron en pieza para nuestro equipo. Su jonrón contra Japón en el Mundial de Cuba enloqueció al país y su gestión guante en mano fue decisiva para que Nicaragua estableciera una nueva marca particular de doble plays en un Mundial.

Brant Alyea reparte palo. Ganar un cetro de bateo en un evento de nivel mundial es una rareza en nuestro medio, y Brant Alyea, joven prospecto del COIP, lo logró durante el Mundial Juvenil realizado en Kinderslay, Canadá. Eso le preemitió figurar en el All Star del Torneo, un orgullo.

Óscar Molina, se abre paso a balazos. ¡Qué impresionante estuvo Molinita siguiendo las huellas trazadas en el ping pong pinolero por Walberto López! Óscar arrasó en todas las pruebas de control confirmando su aplastante superioridad a nivel casero, quedó octavo en el Torneo de los 32 mejores de Latinoamérica, venció al campeón de Cuba, Omar Lamorena en la Isla, le peleó bravamente al norteamericano Brian Masters y ganó el título del circuito en brillante demostración realizada en El Salvador. ¡Diablos!

Y HAY MÁS, MUCHO MÁS
Talento trabajando. En ajedrez, Martín Guevara, un chavalo que estaba arañando los 20 años logró el Campeonato Nacional de Ajedrez, terminó invicto en el Grupo “Maestros II” del Memorial Copablanca, evento de reconocido calibre, y aunque no pudo completar el Título de Maestro Internacional durante el “Hurtado”, registró un gran año.

El crecimiento de Adolfo Méndez. Este moreno espigado y flexible leonés, consiguió cuatro sonoras victorias en Guatemala, se enfrentó sin chance al Campeón Mundial y Olímpico de los Ligeros, Pernell Whitaker, estuvo a punto de vencer durante el fuerte “Torneo de la Amistad” al campeón de la RDA, a quien logró derribar, y fue frenado durante el Centroamericano y del Caribe por un fallo discutido que le permitió triunfar al cubano Idel Torriente.

Apunten al pesista Luis Estrada, quien alcanzó la marca mínima para estar en los Olímpicos; al voleibolista Uriel Torrientes, con estupenda actuación en el Norceca realizado en el Polideportivo; a Luis Munguía, que tumbó la marca de 800 metros, y José Mayorga, primer nica que recorre los 1,500 en menos de cuatro minutos; al sprinter Byron Chamorro, quien detuvo los cronómetros en 10.6 segundos en los 100 metros, y Ana Valle, saltando constantemente sobre los registros en jabalina.

Y Michelle Richardson, por supuesto, con esa Medalla de Plata de brillo cegador, que años después le permitió entrar al Salón de la Fama pinolero.

Hay momentos en que no somos más que el recuerdo de grandes esfuerzos, como esos que vivimos emocionados hace 25 años.

dplay@ibw.com.ni