Edgard Tijerino
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¿Qué fue lo que vi en Diriamba, con un estadio lleno, cargado de entusiasmo, cobijado por ilusiones, durante la batalla final entre Estelí y Diriangén que ganaron los norteños?
Un fútbol impreciso, inocente, nada que ver con lo mostrado en 2003 por aquella Selección que venció a Panamá en su propio patio y le peleó bravamente a Costa Rica un duelo que se perdió 1-0.

¿Qué fue lo que impidió retener esa destreza aún sin seguir avanzando?
Estelí fue en todo instante y en cada sector, mejor que el Diriangén. Incluso, Mauricio Cruz, el sufrido Jefe Cacique, salió del Estadio bien claro de eso. Al mismo tiempo, Mauricio –uno de los jugadores más hábiles y creativos que recuerdo- debe haber pensado que nuestro fútbol necesita urgentemente una inyección de destreza.

Sin ese elemento, no se puede soñar, mucho menos ir hacia algún lado. Y recuerden, el próximo torneo de la UNCAF nos espera en la vuelta de la esquina, con las agujas del reloj moviéndose hacia adelante aceleradamente.

Pocos garantizan poder parar un balón y dejarlo al alcance del pie. En la mayoría de los casos, ese intento se convierte lamentablemente en “pase al enemigo”. Sólo se trata de tener paciencia y esperar. En este aspecto, Diriangén naufragó estrepitosamente y Estelí con una defensa que enseñó mayor oficio, resolvió problemas.

La entrega de la tercera pelota, se convierte en un esfuerzo de alta geometría. El primer pase tiene seguridad y el segundo puede ser lo necesariamente preciso, pero el tercero pocas veces es exitoso. No hay manera de retener el balón sin dominar la entrega, y cuando la tercera bola se pierde, el futuro inmediato se recorta y desemboca en frustración.

A mi lado estaba Peché Jirón, posiblemente el más grande futbolista nica de todos los tiempos, y lo vi fruncir su ceño por la no utilización de los espacios vacíos. Jugar sin el balón, es cada día más decisivo en la evolución del juego, y la incidencia se obtiene en dependencia de meter pelotas y encontrar asistencia en los espacios despoblados.

Puede ser que la pesadez del terreno y la aceleración de los balones provocada por la lluvia, hayan impedido –sobre todo por parte de Diriangén- ese tipo de gestión tan necesaria. Sin embargo, el segundo gol de Estelí con contragolpe, escapada y pase para la recepción de Wilson, fue una prueba de lo útil que es eso.

Siempre hemos dicho que el fútbol casero es pequeño, pero en Panamá 2003 captamos señales alentadoras. La pregunta es: ¿por qué no hemos seguido progresando respecto a nosotros mismos aunque sea centímetro por centímetro?.

Cuando fuimos a Guatemala en 2005 nos mostramos desarmados, y viendo Estelí-Diriangén, así continuamos.

dplay@ibw.com-ni