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¡Qué manera de iniciar este 2009 por parte del escocés Andy Murray! Ahí está con su pistola humeante en mano, viendo como el suizo Roger Federer y el español Rafael Nadal, rodillas en tierra, llevan sus manos a las heridas provocadas por su balazos en el torneo de Abu Dhabi, mientras se aproxima el Abierto de Australia, el primer evento Grand Slam del año.

Convertido en una seria amenaza, Murray podría recortar drásticamente el joven reinado de Nadal, y empujar fuera de la paila de retadores a Federer, cuya pretensión de regresar al trono es su mayor estímulo.

Claro que también hay una profunda preocupación por el crecimiento de ribetes espectaculares mostrado por Murray, en los campamentos del serbio Novak Jokovic, el ruso Nicolai Davydenko, el norteamericano James Blake, y otros que no ocultan sus intenciones de proyectarse hacia la cima de la montaña.

Con Murray metiendo miedo después de imponerse a los dos mejores del planeta exhibiendo un juego de poder, consistencia y recursos, aceptando la propuesta atrevida de Federer de fajarse a balazos frente a la red, y desequilibrando la solidez de Nadal con pelotas profundas y precisas, es natural acariciar la posibilidad de estar en presencia de un año impredecible en el tenis mundial, con el español favorito para ganar en París, aprovechando la tierra batida, pero con Australia, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos, los otros tres Slams, abiertos para cualquiera.

Los progresos de Murray son muy llamativos. Su habilidad para devolver saques ha mejorado tan considerablemente como lo afilado de su servicio. En estos tiempos de tanta violencia, eso tiene un gran significado, como lo demostró el escocés en el tie-break disputado con Federer y en el tercer set frente a Nadal.

Sus piernas están respondiendo a las exigencias fortaleciendo su defensa. Contra Federer llegó a pelotas de esas que son etiquetadas como imposibles, haciendo recordar el alcance del sueco Bjorn Borg o el del norteamericano Pete Sampras. ¡Cómo se desplaza Murrray hacia los dos lados y con qué confianza llega a las pelotas evitando respuestas desesperadas que entregan pelotas para ser fusilado!.

El manejo de las diagonales atacando ha sido desde siempre una característica del número uno, y Murray lo ha conseguido con varios agregados, entre ellos la presión que pone cuando decide volcarse, muy parecida a la del feroz Patrick Rafter.

¿El pistolero perfecto? No, no ha existido. Ni Laver, ni Ashe, ni Connors, ni Borg, ni McEnroe, pero hay aproximaciones, como lo fue Federer hasta hace poco y lo es Nadal, prontamente amenazado por este Murray en pie de guerra.

Lo que parece una certeza es que 2009 va a ser el año de las grandes balaceras, no sólo en los torneos “marca” Slam, sino también en Key Biscayne, los Masters y tantos otros que confeccionan un calendario extenuante enfrentando rivales temibles.

dplay@ibw.com.ni