Edgard Tijerino
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Murió Eusebio “Silverio” Pérez. ¿Lo recuerdan? Si, aquel zurdo difícil y excéntrico; jocoso, escandaloso y retador; con fama y pinta de torero; y ciertamente, con alma de Manolete o de Paquirri.

¡Qué suerte haberlo visto, porque todos querían verlo durante aquella primera fase de nuestro béisbol profesional, para tener algo que contar de regreso a casa y de cara al futuro! “Un pitcher como nunca se volvería a ver en Nicaragua”, escribe Sergio Ramírez en el cuento “Tarde de Sol”, correspondiente a su libro sobre temas deportivos, Juego Perfecto.

El pintoresco cubano vino directamente a robarse el show, vistiendo la chaqueta del Granada. En aquel 1956, previo al ajusticiamento del viejo Somoza, el dominicano Domingo Vargas fue un bateador permanentemente encendido que valía la pena ir a verlo; el cubano Rolando Olmos impresionaba con su elegancia, eficiencia y la popularidad entre el elemento femenino; pero el ombligo del espectáculo era Silverio, sobre todo cuando le pitcheaba al Bóer.

En el montículo trataba de parecer un torero más que un pitcher, mientras la famosa canción que dice “Silverio, Silverio Pérez, diamante del redondel, tormento de las mujeres, a ver quién puede con él”, se escuchaba en todos los rincones, ruidosamente. Extasiado, como si estuviera pendiente de una cámara filmadora, el zurdo se balanceaba siniestramente, con solemnidad de director de orquesta, en la hamaca de la jactancia. De esa forma, hacía rugir rabiosamente al boerismo o cualquier otra barra contraria.

Era imposible permanecer indiferente, y cuando se lograba explotarlo, el Estadio se tambaleaba, la ley de la gravedad no funcionaba, los nervios se crispaban, el alarido era estremecedor.

En 1956, trabajando para los “Tiburones”, Silverio fue líder en efectividad, con 1.06 de porcentaje; en 1960 culminando la quinta liga con el uniforme del Oriental. Con el Cinco Estrellas, fue máximo ganador con 10, igual que Julio “Jiquí” Moreno, agregando el liderato en ponches con 150; y en 1963, con el León, volvió a ser el pitcher con más triunfos, obteniendo 9, junto con el zurdo del Bóer Dick Scott, y sus 145 ponches, fueron insuperables.

Como refuerzo del Bóer en la Serie Internacional de 1963 realizada en Panamá, con equipos de Puerto Rico y Venezuela, Silverio blanqueó al equipo local 11-0 antes del estallido de aquella rebelión exigiendo más dinero, que cortó el impulso de los Indios. Tony Castaño tenía un señor staff con tres grandes zurdos, Miguel Cuéllar, Dick Scott y Silverio, más Willie Hooker y Don Williams.

En el Juego de Estrellas del tercer Campeonato, Silverio del Oriental, estuvo junto con Arthie Kay, el tirador de “no hitter” Manuel Montejo, el legendario Conrado Marrero, el recientemente fallecido Silvio Castellanos y Pat Utley; en tanto con el Cinco Estrellas del 63-64, contó con el respaldo de Ossie Álvarez, Lorenzo Fernández, Copa Castillo, Rigo Mena, Don Eaddy, Tony Curry y el “Borrego” Álvarez.


Con una larga y brillante historia en el béisbol mejicano, Silverio murió a los 84 años. Vivió al estilo de Manolete y Paquirri, “cortando orejas y rabos” de bateadores. Fue el más pintoresco personaje de nuestra pelota profesional. ¡Qué suerte haberlo visto!

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