Edgard Tijerino
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Para los cronistas, posiblemente para sus amigos, y quizás hasta para sus padres, Ricardo Mayorga ha sido desde siempre un difícil crucigrama. Para tratar de entenderlo se requiere de una mezcla de paciencia, comprensión, siquiatría y amplia experiencia en todo tipo de contradicciones.

Pese a mantenerme a distancia de Mayorga por considerarlo una bomba de tiempo, nunca me ha caído mal. Es más, lo he considerado, como decía Cus D´Amato de Mike Tyson, víctima de circunstancias que lo atraparon, sin recursos para defenderse.

En cada una de sus peleas he querido que gane, más allá de cualquier tipo de discusión que puede fabricarse alrededor de un comportamiento desprovisto de reflexión, porque veo en él al muchacho que creció en la extrema pobreza, sin vinculación con los pupitres, sin opciones de aprendizaje, rudimentario en su forma de ser, que en cierto momento se abrazó al boxeo como única posibilidad de poder ser alguien, de tener significado.

Así que vi en Mayorga --y desgraciadamente lo sigo viendo así, pese a ganar grandes bolsas y haber sido Campeón Mundial de boxeo--, a un ser humano desarmado que durante largo tiempo no fue capaz de hacer mucho por sobrevivir, emerger y proyectarse. Claro que no es fácil, porque se necesita dureza mental, empeño y soporte para salir del hoyo.

En ruta hacia una pelea con el mexicano Alfredo Angulo, el 14 de febrero, en algún lugar de Estados Unidos, nuevamente Mayorga es un enigma y parece metido en un laberinto. Nadie sabe dónde entrena, y se informa extraoficialmente que se encuentra en Costa Rica, no en Miami; que el interés de Don King por su futuro da la impresión de haber sido engavetado; necesita un entrenador y enfrenta un reclamo del anterior, Rigoberto Garibaldi, por incumplimiento; no tiene ni la menor idea de cómo andan sus finanzas, y se asegura que está peligrando su casa en el terruño.

¿Es ése el entorno apropiado para quien peleará por su futuro inmediato dentro de unas semanas, cuando el tiempo y el desgaste le están pasando factura?
El espectacular y sorprendente salto de la nada a la grandeza deportiva y económica no pudo ser manejado por Mayorga, sencillamente porque siempre estuvo conspirando contra él mismo, derrochando sin medida, descuidando su adiestramiento, subestimando su nueva situación, creyéndose una fotocopia de Julio César. Como decíamos ayer, en lugar de usar su inteligencia, ésa que todos tenemos, decidió sentarse sobre ella, ignorándola. Grave error.

Ricardo no puede regresar al país y vive un exilio doloroso. Puede golpear las paredes y derribarlas, pero no enderezar su vida. Necesita derrotar a Angulo para poder seguir en pie de lucha en su única tarea productiva, pero se encuentra solo.

Aún estando conscientes de que perdió el paraíso, no queremos verlo con su futuro vacío.

dplay@ibw.com.ni