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Matthew Leach / MLB.com
Durante 11 años de debate, mucha gente ha intentado criticar la candidatura del ex lanzador Bert Blyleven para el Salón de la Fama, algunos con argumentos con sentido y otros no tanto.

Pero la idea de que Blyleven no fue un lanzador dominante no tiene fundamento. Es el lanzador más dominante que no ha llegado a Cooperstown.

Lo dicen los ponches. Y cuando se trata de dominio, ninguna otra estadística lo revela como los ponches. Blyleven tuvo 3,701 en una carrera de 22 años. Terminó dentro de los primeros 10 en ponches de su liga en 15 ocasiones, y 14 veces estuvo dentro de los primeros 10 en ponches por cada nueve entradas. Han aumentado los votos por Blyleven para el Salón año tras año, y parte de eso se debe a que los votantes se han puesto a ver los números del derecho de manera más detenida.

"(El recibir cada vez más votos) es algo positivo en lo que veo como una situación negativa", le dijo Blyleven a MLB.com en 2008. "Porque sigo creyendo que mis números son dignos del Salón de la Fama."

Es impresionante ver los puros números. Blyleven está quinto en la lista de todos los tiempos en ponches, detrás de Nolan Ryan, Randy Johnson, Roger Clemens y Steve Carlton, todos con credenciales para el Salón de la Fama (y todos de hecho en Cooperstown menos Clemens, quien lanzó por vez última en 2007). Los próximos nueve en la lista de abanicados o son inmortales o tienen un camino seguro hacia Cooperstown: Tom Seaver, Don Sutton, Gaylord Perry, Walter Johnson, Greg Maddux, Phil Niekro, Ferguson Jenkins, Bob Gibson y el dominicano Pedro Martínez.

Hay que bajar hasta el puesto número 14, Curt Schilling, para encontrarte con un lanzador que no está en Cooperstown ni tampoco es un seguro Salón de la Fama. Y eso que Schilling sí tiene posibilidades.

Pero vamos a verlo de otra manera. Caen los records. Cambian las listas de todos los tiempos. Mark McGwire ha caído de octavo a quinto en jonrones en apenas los siete años desde su retiro, ya que estamos en una época de jonrones y ponches.

Sin embargo, prácticamente no existe la posibilidad de que nadie supere a Blyleven en ponches en la próxima ¿década?
Con el retiro de Maddux, el siguiente lanzador activo en la lista es Schilling, a 585 ponches de Blyleven. Con su edad y su salud, es difícil ver a Schilling con tantos ponches en lo que reste de su carrera. Lo mismo se puede decir sobre John Smoltz, y ya se retiró Mike Mussina. A Tom Glavine le faltarían 1,100 para alcanzar a Blyleven. A Jamie Moyer 1,453 y al siguiente en la lista, el boricua Javier Vázquez, poco más de 2,000.


El próximo lanzador con una oportunidad legítima para estar dentro de los primeros cinco es el venezolano Johan Santana, actualmente con 1,587 ponches-a más de 2,000 de Blyleven.

Es decir que en 10 años, la lista de juegos salvados se verá bien distinta a la de ahora. Lo mismo para la de jonrones. Sin embargo, Blyleven debe de seguir como quinto en ponches.

No hay nada que controle más un lanzador que los ponches. Es una de tres facetas del pitcheo independientes de los compañeros. Los ponches, bases por bolas y jonrones dependen totalmente del lanzador. Lo demás, desde hits a carreras permitidas a rodados a ganados y perdidos, todo eso depende del aporte y falta de aporte de los compañeros en el terreno.

El caso de Blyleven tiene otros elementos también: las victorias, los juegos completos, las blanqueadas y la efectividad, además de aportes en dos títulos de Serie Mundial. Pero son los ponches los que estaban en sus manos, y los ponches demuestran lo impresionante que solía ser.

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