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DON BALON

El regreso del centrocampista inglés a Europa, vía cesión de su club, Los Ángeles Galaxy, supone una inyección importante de moral a la afición del Milan, aunque los intereses comerciales son los que han marcado esta rocambolesca operación. Club y jugador esperan durante los tres próximos meses generar grandes beneficios económicos.

Como era de esperar, la llegada de Beckham a Italia ha despertado una gran expectación. El centrocampista inglés ha aparcado por dos meses su aventura americana para jugar en el Milan, un club que está muy lejos de la versión que ofreció hace dos años cuando ganó la Champions y encumbró a Kaká como mejor del mundo. Reclutar a vedettes alicaídas como Ronaldo, Ronaldinho o Schevchenko ha sido una constante en las dos últimas campañas. La contratación temporal del ‘Spice Boy’ sigue fiel a esta filosofía, pero con algunos matices.


Escenario perfecto
Desde que abandonó el Manchester United, el club donde jugó diez años de su vida, los desembarcos de ‘Becks’ han tenido como premisa la vertiente comercial. El fichaje por el Real Madrid fue bendecido por Adidas, su patrocinador y el del conjunto blanco; el sueño de Hollywood sigue detrás de su vínculo con el Galaxy; y ahora en Milan espera poder atar nuevos y suculentos contratos publicitarios, además de ser el escenario perfecto para que su polifacética esposa explote sus cualidades como diseñadora en la capital de la moda.

David Beckham partió hacia Estados Unidos en verano de 2007 para “ser un medio actor”, como vaticinó alegremente Ramón Calderón. Su llegada al Calcio huele, de nuevo, a tufo comercial. Es un capricho del presidente rossonero y jefe del gobierno italiano Silvio Berlusconi, que siempre ha reconocido que el fútbol es espectáculo, en una operación puramente lucrativa que permitirá al Milan ‘forrarse’ antes de que expire el contrato de cesión y el jugador tenga que regresar a Los Ángeles.


El interés de capello
Ojo: el seleccionador de Inglaterra Fabio Capello también ha mediado en este asunto. Para que su credibilidad no se resienta ante la atenta mirada de la afición británica necesita convocar a un Beckham en condiciones, con minutos y en forma; de ahí que se le atribuya la sugerencia de este intercambio más propio de un ERASMUS que del fútbol profesional.

Una idea, deportivamente hablando, rocambolesca: fichar a un jugador de 33 años con un ritmo de competición bajo (la MLS es una liga menor) y únicamente para jugar dos meses es un hecho con muy pocos precedentes; además está la incoherencia de su corte táctico si lo comparamos con la imperiosa necesidad del Milan en encontrarle un sustituto a Gattuso, lesionado para toda la temporada.

Precisamente el italiano ha sido el primero en mostrar su desconcierto ante la llegada del inglés, que ha calificado como “extraña”, mientras otro compañero de equipo como Borriello se la ha tomado directamente a cachondeo: “tenerlo en el vestuario me servirá para descubrir si está tan bien dotado como parece en los anuncios de ropa interior de Armani”.

La leyenda sigue
La llegada de Beckham al Milan abrirá de nuevo la veda a nuevos contratos y propuestas que alimentarán aún más la leyenda del mejor y más grande futbolista-anuncio de la historia. De hecho, no está tan lejos de lo que podría denominarse ‘estrella mediática de alquiler’.

El propio Galliani, vicepresidente del club, así lo ha reconocido: “su llegada será muy positiva a nivel de imagen”. Y, obviamente, también se ha referido a los beneficios económicos, que provendrán de “los amistosos y apariciones televisivas”. Esto último cobra aún más sentido si tenemos en cuenta que Silvio Berlusconi también es dueño de la compañía televisiva Mediaset, la más potente de Italia, y de los derechos de programas como Gran Hermano.

Según el rotativo británico The Sun, Beckham ganó en el último año más de 25 millones de euros en publicidad, lo que significa unos 75.000 euros al día. Además, y desde hace unos años, está empezando a exigir cobrar un porcentaje por los ingresos del producto que publicite.

De ahí que haya dejado de ser la imagen de Pepsi o Gillette, tras años de colaboración, pues el jugador reclama unos incentivos proporcionales al aumento de los beneficios de la empresa. Lo más significativo es que todos los compañeros que ha tenido lo califican como un tipo humilde, reservado y parco en palabras. Y de su profesionalidad tampoco nadie se ha quejado. Pero su imagen es la que vende y por muy bien que pegue con la diestra, su penetrante mirada siempre tendrá más repercusión que un golazo por toda la escuadra.