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En un momento en que nadie se siente seguro en Estados Unidos, consecuencia de la crisis imperante, con las cifras del desempleo creciendo como la espuma en un salón cervecero, los salarios de los sobrevivientes metidos en el congelador o recortados, y el futuro tan complicado como lo dibuja el Presidente electo Barack Obama, a pocos días de entrar a la Casa Blanca, el pitcher derecho de 35 años y medio, Derek Lowe, quien debutó en 1997 con Seattle pasando a Boston y quien sólo ha registrado un rendimiento de 20 triunfos, firmó con los Bravos de Atlanta por cuatro temporadas, garantizando 60 millones de dólares.

Con 15 millones anuales, Lowe, un buen tirador con poco resplandor, estará burlándose de la crisis mientras intenta ser lo suficientemente útil a una franquicia que habitualmente ha contado con gran pitcheo, llegando a reunir a tres ganadores del Cy Young. En 2007, ganando 14 y perdiendo 11 con los Dodgers, balance inferior al 14-8 de Vicente Padilla con Texas, Lowe cobró 10 millones.

Sólo el béisbol, con sus fabulosas ganancias, puede facilitar pagar tanto a alguien como Lowe, quien carece del brillo de las estrellas, aunque puede ofrecer un aporte que tenga significado. La pregunta natural es: ¿Por qué tanto dinero a un pitcher como Lowe?, y la respuesta es sencilla: en medio de la escasez de brazos, los Bravos tienen la imperiosa necesidad de contar con un líder de staff, aunque no alcance una gran dimensión.

Con Tim Hudson afectado por lesiones la mayor parte del tiempo y viendo a Tom Glavine fuera del staff, antes de perder también a John Smoltz, los Bravos consiguieron de los Medias Blancas a Javier Vásquez (12-16 y 4.67 ponchando a 200) y al japonés de 33 años Kanshin Kawakami, con experiencia de 11 años en aquella pelota de ojos horizontales, como agregados de Jair Jurgens, quien cobrando apenas 390 mil dólares, ganó 13 y perdió 10, mostrando 3.68 en efectividad, recorriendo 188 entradas, y del mexicano Jorge Campillo (8-7 y 3.91 en 159 innings), Lowe es ese jefe de rotación y depositario de llamativas expectativas.

Los Bravos, que terminaron a 20 juegos de los Filis en el Este de la Liga Nacional, superados ampliamente por Mets y Marlins, difícilmente serán competitivos en 2009, pero pretenden no vivir tan distantes de la cima de la montaña.

Los Marlins, que durante los últimos años han medido su cartera, están en conversaciones con el derecho dominicano Pedro Martínez, necesitado de que algún equipo confíe en lo que queda de su escopeta derecha, en tanto los Medias Rojas, buscando más pólvora, han comenzado a darle mente a una negociación que les permita extraer al artillero Prince Fielder de los Cerveceros de Milwaukee.

Alguien que continúa pendiente de alguna señal favorable es Manny Ramírez, soñando, aunque no lo admita, que se la hagan los Yanquis de Nueva York.