Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni
No hay que quebrarse la cabeza en busca de un comisionado de la nueva liga de béisbol. Tenemos suficiente material a mano, y entre las opciones saltan al tapete tres nombres: Carlos Reyes, Nemesio Porras y Noel Urcuyo hijo, todos capaces de circular por la pista de la seguridad apoyándose en la experiencia acumulada, conocimiento pleno del engranaje y sus complicaciones, y por supuesto, con la necesaria cuota de autoridad.

Decía Napoleón que la imaginación gobierna al mundo, y para manejar nuestro béisbol no se necesita andar con la lámpara de Aladino, frotándola en cada esquina. Como se ha rayado el cuadro, es una tarea sencilla que sólo requiere la objetividad deseada y un criterio preciso para resolver las dificultades que se presenten.

Lo esencial en la proyectada liga es colocar el interés por el béisbol encima del interés de cada equipo. Eso va a impedir que se fabriquen confusiones en busca de sacar provecho particular, lo que tanto daño ha hecho en los últimos años, haciendo desembocar diferentes situaciones en peligrosas distorsiones.

No soy partidario de triunviratos o de cúpulas; no le hago swing a eso de “manejo colegiado”; prefiero un jefe del proyecto, respaldado sí, por un eficaz equipo de trabajo. Eso garantiza la funcionalidad a base de suma de esfuerzos y permite tener una amplia visión de lo discutible, pero con un responsable central.

Hay por lo menos una docena de personas con capacidad para manejar cada deporte en Estados Unidos, pero quien muestra su cabeza es un comisionado, igual que en la FIFA, el COI, la UEFA y cualquier otra organización deportiva mundial. Aquí, en pequeño, hay que nombrar un comisionado, no dos o tres. Sería tonto tratar de enredarnos innecesariamente. En Nicaragua, tres ya es una multitud.

Carlos Reyes fue el primer Comisionado de Béisbol nombrado en 1979, y lo hizo muy bien pese a que hace 30 años no tenía la experiencia y ni la destreza cultivadas que hoy lo cobijan; Nemesio Porras, altamente apreciado y respetado, ha estado evolucionando aceleradamente en diferentes gestiones mostrando su nivel de competencia y una llamativa versatilidad para considerarlo apropiado; Noel Urcuyo hijo es un excelente elemento operativo de larga trayectoria a quien veo responder como soporte, más que como jefe.

Obviamente, lo más importante para el éxito es la confianza que se tiene en cualquiera de ellos. Recuerdo al ex rector de Yale, Bartlett Giamatti, convertido en Comisionado de las Grandes Ligas, decir al asumir: lo clave va a ser el circuito cerrado de confianza, que nos permitirá discutir y someter a serios análisis las dificultades, para que yo pueda tomar decisiones que vayan siempre en beneficio de los intereses del juego.

Lo interesante va a ser, ver moverse a un comisionado con otro estilo de manejo, no vertical. Eso es lo más saludable para poner en marcha esta nueva etapa de nuestro béisbol, en condiciones y con pretensiones diferentes a las de 1970.

De eso tenemos que estar claros.