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Todo gran pelotero desea llegar al Salón de la Fama por la vía de los votos, lo cual es un certificado de reconocimiento a su brillante trayectoria. El tiempo ha estado pasando a la orilla de sus ventanas, y Pete Rose continúa prisionero de la sentencia dictada en 1989, por aquel Comisionado impecable e implacable que fue Bartlett Giamati, quien en 1988, lo había suspendido por 30 juegos.

“Lo siento Pete, no tienes perdón”, dijo Giamatti, fallecido días después que Rose, acusado de apostar siendo manager de los Rojos, aceptó ser inelegible para seguir actuando en el béisbol, confiando en ser sometido a revisión más adelante, algo que no ha ocurrido.

“Pete, felicitaciones. Fue una tremenda ovación”, le dijo Jim Gray de la NBC aquella noche del mes de octubre de 1999, cuando fue presentado el equipo del siglo con Rose en el line-up.

“Me paralizó el corazón”, respondió Pete genuinamente emocionado, sujetando un torrente de 4 mil 256 lágrimas, equivalentes a una por cada hit logrado en su impresionante carrera, que incluyó 10 temporadas con 200 o más cohetes, un exigente reto frente al cual se encuentra el incontrolable japonés Ichiro Suzuki.

Con la publicación de su libro con el titulo autocompasivo. Mi prisión sin barras, Rose se colocó detrás de las rejas de la opinión pública al admitir que estuvo apostando siendo manager de los Rojos, y que lo hacía unas cinco o seis veces por semana.

Hay diferentes clases de apostadores, ciertos como el que nos presenta Dostoyevski en su magistral novela El Jugador, en la cual el protagonista utiliza el azar como una forma de escapar al infierno que supone un amor no correspondido, y otros como el de James Caan en aquella película de los años 70, ansioso de sumergirse en las emociones de la incertidumbre como una forma de disfrutar la vida.

Desde el escándalo de los Medias Negras en 1919, el béisbol se volvió alérgico a cualquier señal distorsionadora. En aquella ocasión, el vender juegos, algo más grave, sacó de circulación entre otros, al famoso Joe “Descalzo” Jackson, quien como Rose era una segura escogencia del Salón de haber estado disponible.

Mas allá de todo eso, lo que ha garantizado Pete es su inmortalidad, por las impresionantes cifras que construyó, y la forma en que jugó el béisbol, sin importarle ver estallar su rodilla o fragmentarse hombros y costillas, en cualquier acción con tal de ganar una base, provocar un error, anotar una carrera.

Uno piensa que no volveremos a ver a otro bateador de 4 mil 256 hits en su carrera. Sólo sometan a consideración que 4 mil hits equivalen a 20 temporadas de 200 hits, y Rose tiene el récord de todos los tiempos con 10, superando al propio Ty Cobb. Fue tres veces Campeón de Bateo en los años 68, 69 y 73, siempre con los Rojos, y con los Filis, estableció la marca de hits de la Liga Nacional superando a Stan Musial. Continuó con los Expos por un rato y regresó a los Rojos para cerrar una carrera de 24 años.

dplay@ibw.com.ni