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AS / ESPAÑA
El Barça alarga su leyenda de invencible. 50 puntos sobre 57 posibles en una vuelta, una cima a la que no ha llegado nadie desde que el triunfo se premia con tres.

Una media goleadora por encima de la del Madrid de Toshack 89-90, récord todavía en la competición.

Y Messi en la gloria con buena compañía. Todo esto se le vino al Depor encima como antes les había ocurrido a otros quince equipos de la Liga. Demasiados caídos como para otorgar alicientes a los perseguidores.

Fue en el minuto 20. El Depor aún estaba en pie gracias a una estirada intuitiva de Aranzubia, un error de cálculo de Etoo y un blindaje sin valentía, pero también sin equivocaciones.

En ese fatídico minuto llegó la primera. Juan Rodríguez arriesgó con un pase profundo en el peor momento, con más de medio equipo gallego por delante del balón, que circuló hasta el peor enemigo posible: Messi. El argentino dibujó la diagonal sin escalas ni adornos.

Esta vez fue un descenso más que un slalom, culminado con disparo cruzado, colocado a contrapié, que puso fin al partido.

Entre un gol de Messi (el que decidió en Pamplona) y otro (el 1-0 de hoy), el Barça prolongó su gobierno sin oposición. Ni siquiera necesita exigirse el máximo físicamente.

El sistema trabaja por él, haciendo el campo corto y ancho, una trampa para el adversario cuando intenta salir de su campo o cuando pierde balón, siempre cerca de su guarida.

El partido tuvo siempre una sola dirección. A los 28 segundos, Xavi y Messi regalaron una ocasión dulce a Henry.

A Aranzubía le salvó la falta de colocación del remate. Henry, en cualquier caso, ofrece una frescura que no tuvo el curso pasado. Vino para tirar del equipo y el equipo ha acabado tirando de él. En su nuevo estado de ánimo encuentra fácilmente el gol.

El primero se lo apuntó de cabeza, a centro intencionadísimo con el exterior del pie de Alves.

El brasileño viene a ser la segunda oleada, por si alguien es capaz de sobrevivir a Messi en esa banda.

El tercer gol tuvo también su origen en un envío suyo, cabeceado por Keita, rechazado sin imputaciones por Aranzubia y culminado por Etoo. El Barça seguía en el cielo, coreado por su público.

Del Depor no había noticias: ni una ocurrencia de Verdú o Cristian, otrora canteranos prometedores del Barça. Ni un solo balón potable a Bodipo. Ni un solo desborde de Guardado. Fue una rendición temprana y sin resistencia. Que su Liga no pasaba por el Camp Nou fue un mensaje que el Barça entendió a la primera.

Luego llegó el sesteo blaugrana. Su superioridad le lleva a acortar los partidos, que la temporada es larga y el combustible, incierto. Ya no había combate y entonces permitió al Depor, que ya había metido a Lafita para tener una pizca de contra, salir del rincón y entrar al intercambio de golpes.

El público, malacostumbrado, coreó el nombre de Iniesta, otra vez fuera del equipo.

El juego coral del Barça no permite a sus estrellas ni pillar un constipado. Guardiola le dio 20 minutos de un partido ya hipotenso.