Jorge Eduardo Arellano
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NUEVA YORK (AP) — Tal vez Alex Rodríguez hizo bien cuando decidió cambiar de uniforme y jugar con la República Dominicana en el Clásico Mundial de béisbol.

Total, apuntarse con Estados Unidos podría ser un callejón sin salida.

Se suponía que la eliminación en la segunda ronda del primer Clásico iba a dejar una lección aprendida en Estados Unidos, pero los gestores del torneo han vuelto a caer en los mismos problemas.

Las ausencias de gente notable, desde CC Sabathia hasta Ryan Howard, han marcado la tónica en sus preparativos.

Y este tipo de apatía no ayuda a un torneo cuya parte final se jugará en estadios de Estados Unidos. No habría nada mejor que tener a los de casa en las rondas decisivas.

Sin duda, habrá equipo y el mismo será competitivo. Su manager Davey Johnson tiene la ambición de llevarlo al campeonato y estará rodeado de coaches de lujo como Mike Schmidt, Bill Ripken, Barry Larkin y Marcel Lachemann.

Pero no hay que llamarse a engaños y como están las cosas ahora, Estados Unidos no estará al máximo de su potencial para un desafío dentro de dos meses.

Esto se nota más que nada en el rubro fundamental dentro del sendero para quien quiera salir campeón el 23 de marzo en Los Ángeles: el pitcheo.

Jake Peavey, Roy Oswalt, Scott Kazmir y John Lackey son los únicos con la etiqueta de as que han mostrado interés por representar a Estados Unidos en el equipo que en la primera ronda deberá enfrentar a Venezuela, Canadá e Italia.

Pero las respuestas negativas a los pedidos --o mejor dicho ruegos-- de Johnson llevan la delantera.

Sabathia, Cole Hamels, Josh Beckett, Brad Lidge, Tim Lincecum y Brandon Webb ya han dicho que no o contemplan bajar el pulgar en los próximos días.

Derek Jeter y David Wright podrían conformar una estupenda combinación en el extremo izquierdo del cuadro interior, pero la realidad es que sin un pitcheo sólido las posibilidades de triunfo se dificultan.

El Clásico se disputa en medio de los entrenamientos de primavera y los equipos con lanzadores de clubes de las Grandes Ligas están obligados a limitar la cuenta de pitcheos de sus serpentineros, un máximo de 65 por salida en la primera ronda.

Si bien Peavey ganó el Cy Young de 2007 con los Padres de San Diego y Oswalt ganó 17 juegos para los Astros de Houston en la última temporada regular, no se puede contar con ellos para lanzar la ruta completa.

Donde el panorama del equipo luce mejor es en el relevo, un renglón en el que Johnson tendrá recursos de sobra con la presencia de Joe Nathan, Brian Fuentes, J.J. Putz y Jonathan Broxton, entre otros.

Cuando fue presentado como piloto a comienzos de diciembre pasado, Johnson comentó que el talón de Aquiles de Estados Unidos fue el desconocimiento ante una experiencia inédita, y mencionó directamente el tener pitchers afilados.

“Creo que nadie sabía qué esperar. Muchos lanzadores no habían hecho mucho trabajado y no estaban preparados”, declaró el manager de cuatro equipos en una carrera de 14 años en las mayores.

Esa vez, Johnson dijo que quería tener el equipo seleccionado antes de la Navidad con el fin de tener a un grupo lo más concentrado posible en el objetivo de ganar el Clásico.

No ha sido así y parece repetirse la experiencia de 2006, cuando Dominicana, Venezuela y el eventual campeón Japón llevaron lo mejor a su disposición.

Johnson, quien en agosto llevó a un equipo con jugadores de las menores a una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing, no tiene la culpa.

El jugador estadounidense tranquilamente puede negarse y sabe que no se expone al escarnio que se produce en otros países del Caribe y Asia cuando sólo titubean con meditar la convocatoria.

Lo curioso es que Estados Unidos no debería complicarse para armar equipos, ya que 864 de los mil 188 peloteros que vieron acción en las mayores al año pasado nacieron en su suelo, es decir, casi dos tercios.

Son contados los ejemplos de peloteros estadounidenses que salen a decir públicamente sentirse orgullosos de ponerse los colores de su país como lo hizo Kazmir, el zurdo de los Rays de Tampa Bay, quien indicó que será una experiencia “imponente” que no se quiere perder.

Y que tal el caso de Wright, el antesalista de los Mets de Nueva York, quien le dijo a Johnson al aceptar su llamado que “soy capaz jugar hasta 18 innings si es lo que necesitas”.

Al final de cuentas, quizás los temores por el pitcheo abridor sean infundados. Estados Unidos podría arreglárselas con la combinación de un excelente relevo más un bateo demoledor. Pero eso es un riesgo muy alto para un torneo donde el margen de maniobra en la primera ronda es poco, al jugarse con el formato de doble eliminación, es decir, en cosa de dos días un equipo puede quedar fuera.