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No hubo milagro, pero sí un gran trabajo que desembocó en satisfacción. El fútbol pequeño, logró algo significativo.

De repente, cuando en el tramo final del intrigante juego, las imágenes con pocas esperanzas se estaban repitiendo, dando la impresión de estar saliendo de una fotocopiadora, y el marcador permanecía inalterable 1-0 favoreciendo al equipo salvadoreño desde el minuto 17, cuando apareció Marlon Medina en escena, iluminado, convirtiéndose en el héroe inesperado.

Su gol a quemarropa espantando la angustia, faltando sólo 6 minutos, enderezando por abajo con frialdad y certeza el magistral centro ejecutado por Samuel Wilson desde la derecha, un arco iris bien dibujado encima de los agotados defensores cuscatlecos, estableció ese meritorio empate 1-1 que incentiva el futuro en el torneo de nuestro discreto fútbol.

Cierto, El Salvador estuvo con un hombre menos desde el minuto 25 por la expulsión del agresivo Shawn Martin, pero eso no quita un gramo de reconocimiento a la gestión en la cancha realizada por el equipo pinolero, una vez que logró establecerse en la cancha, superando el impacto en contra provocado por el autogol de Silvio Avilés, desviando con el pecho un centro a media altura de Carlos Ayala, que se había escapado por la derecha recibiendo un pase oportuno de Ramón Sánchez.

El “Pulpo” Espinoza, pendiente de la penetración de Rudis Corrales por el centro, quién buscaba cómo ser el receptor de la pelota enviada por Ayala, se había movilizado a su izquierda y quedó fuera de control cuando el balón “marca” Avilés, se metió a la cabaña para adelantar a los salvadoreños 1-0 muy temprano.

Con una media cancha muy poblada y una defensa que supo cubrir y conseguir proyecciones aprovechando la ventaja numérica, Nicaragua buscó cómo asegurar las entregas, pero el oficio de la zaga enemiga, cortaba las posibles combinaciones cortas.

Un tiro libre de Wilson a los 39, pasó zumbando a un lado del ágil y competente arquero Miguel Ángel Montes, y a los 43, con el drama echando humo, una rápida filtrada de Sánchez por la izquierda, facilitó una entrega apropiada a Reyes que manoteó la pelota sin poder concretar, dejando un aullido flotando mientras la posibilidad del empate se desvanecía.

En el segundo tiempo, un taponazo eriza-pelos de Franklin López, exige una veloz reacción de Montes para evitar el gol, y en respuesta, a los 60, “El Pulpo” Espinoza saca espectacularmente volando hacia su izquierda un disparo envenenado de William Romero.

Se esperaba que el esfuerzo salvadoreño con 10 hombres retorciera piernas y aflojara pulmones, pero la tropa del técnico Carlos de los Cobos conservó el orden, manejó el anticipo y supo multiplicarse, hasta que en el minuto 84, el centro medido de Wilson y la entrada precisa y mortífera de Medina, rescataron un punto valioso, sellando un merecido empate.


Se aprovechó la ventaja conseguida con la salida de Martin para jugar bien, sin apuros pero con atrevimiento, sin temores ni inhibiciones, y se llegó al gol con criterio ofensivo correctamente aplicado.


¡Bravo muchachos!

dplay@ibw.com.ni