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Todas las maniobras, todos los inventos y todos los esfuerzos habían sido inútiles a lo largo de 66 minutos. Belice ganaba 1-0 con un gol de Clifford Usher a los 17 minutos, aprovechando una equivocación de Carlos Alonso, y la presión nos estrangulaba.


Fue entonces que hizo su aparición Juan Barrera, alegre, bullidor, efectivo, inspirado, y con un taponazo de derecha desde lejos, culminando una combinación que él mismo inició, paralizó al arquero Stephen López, inflamó las redes y nos levantó de las butacas, funcionando como salvavidas en el mar de las dificultades.


¡Cómo fue posible sufrir tanto y conformarnos con el empate 1-1, en un partido que se debió ganar por goleada! Uno repasa las imágenes y se convence de que todavía estaríamos contando, no los votos, sino los goles, pero nos confundimos.


El fútbol de Belice es ingenuo por su falta de recursos. Incluso su gran arma, la velocidad, con el respaldo de su potencia física, no puede ser aprovechada al carecer de la mínima astucia. Tocándoles la pelota por el piso, asegurando la entrega, utilizando los espacios que proporcionan, desequilibrándolos en el uno a uno, se les mantiene contra las cuerdas. Pero es necesario concretar y abrir el grifo.


Ese gol beliceño, logrado temprano, fue casual, pero nos mantuvo preocupados estirando la presión que el paso del tiempo fabrica cuando se malogran posibilidades, una tras otra, como ocurrió ayer mientras masticábamos ansiedad.


Alonso, de espaldas, cabeceó un balón supuestamente para Silvio Avilés, no para Usher, que lo interceptó proyectándose desde atrás, avanzando un poco, y disparando con la derecha, inutilizando la zambullida de Espinoza. Belice ganaba 1-0, casi sin darse cuenta, y aquí cruzábamos miradas de asombro exigiendo una explicación.


El equipo de Otoniel Olivas no se alteró ni se desarticuló. Frente a un adversario que lo facilitaba todo, había que regresar al control del balón y del terreno, a buscar el entendimiento por medio de combinaciones, a buscar cómo enloquecer a sus defensores.


Palacios, una y dos veces, tuvo el chance, quiso, pero no pudo; lo mismo que Wilson y Wilber y Reyes, pero de diferentes maneras, jugando más frontón que fútbol, Belice se salvaba y permanecía en pie aferrado a esa ventaja.


Hay momentos para engrandecer, y Juan Barrera tomó uno ayer y lo materializó con frialdad, destreza y autoridad, recibiendo una pelota por la izquierda, llevándola con la pierna y colocándola para cañonear con derecha entrando al área.


Siguió el dominio, surgieron más oportunidades, incluso a quemarropa, pero la pizarra no volvió a moverse, quedando sellado el 1-1 que nos envía a un juego adicional con Panamá, peleando un boleto para la Copa de Oro.


¡Diablos!, no era necesario sufrir tanto, como en el contragolpe de Linares a los 84 minutos que nos hizo cerrar los ojos y mordernos la lengua.


dplay@ibw.com.ni