Edgard Tijerino
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Igual que en 2003, nuestro fútbol consigue emocionarnos y dibujar trazos alentadores sobre el futuro. Meter en aprietos al equipo salvadoreño, así haya estado con un hombre menos; pelearle 66 minutos en forma irrespetuosa a Honduras; y jugar para ganar, aunque sin lograrlo frente a Belice, levanta de la lona al fútbol pinolero, lo pone de pie, y hace pensar que se puede hacer algo para dejar de gatear y comenzar a caminar.


Lo esencial es un técnico de cierto nivel. No hablamos de gente como Francisco Maturana y Carlos Bilardo, contratados por Costa Rica y Guatemala, el Sven Goran Ericksson que tiene México o el Leo Benhaker al servicio de Trinidad. No, no tenemos suficiente dinero para eso, ni estamos en el nivel de desarrollo requerido. Es absurdo traer a alguien de Oxford para dar clase en primaria.


Sin someter nuestra Selección al adiestramiento y fogueo que exige un proceso evolutivo pese al gran esfuerzo desplegado por Julio Rocha, posiblemente nuestro mejor dirigente, y sin poder lograr la contratación de un técnico con la capacidad y experiencia necesarias para confiarle un proyecto, nuestro fútbol flaqueó en los torneos de 2005 y 2007, haciendo lucir lo de Panamá, como un chispazo, algo efímero que sólo existió por un momento.


Más allá de lo que ocurra en la batalla por avanzar hacia la Copa de Oro, opción hasta hace poco impensable, lo importante es planificar lo que sigue. Recuerdo 1971, cuando después de naufragar en los Mundiales del 69 y 70, Carlos García contrató a Tony Castaño y lo colocó al frente de un proyecto, logrando tal evolución, que ese béisbol calificado como incipiente, creció espectacularmente convirtiéndose en una gran fuerza, utilizando gran parte del mismo material humano.


Claro, en fútbol, sin la base competitiva que históricamente ha tenido el béisbol, el reto tiene el tamaño de una montaña. No se trata de lanzarnos a la conquista de Centroamérica, porque yo tendría que atravesar por dos re-encarnaciones para verlo, sino de mejorar, de sacarle el máximo provecho a las facultades de las futuras generaciones, y utilizar de la mejor manera lo que queda de ésta, apuntalada por Wilson, Reyes, Barrera, Collado y tantos más que con valentía, entusiasmo y esfuerzo han ofrecido algunos pincelazos llamativos, sin pretender acercarse a lo genial.


¿Cuántos años va a tomar proporcionarle estabilidad en el rendimiento a este fútbol? Y estabilidad no implica ganar torneos saltando de sorpresa en sorpresa, sino de conseguir un nivel de juego que evite esos derrumbes que tanto nos han alarmado por los siglos de los siglos, adquirir personalidad a través de un buen juego, mostrar criterio para manejar el balón, usar convenientemente los espacios, resolver con maniobras individuales, afianzar la defensa, mostrar oficio en el marcaje, y así dejar de ser subestimados apoyándonos en el aprendizaje.


Sólo así, con recursos técnicos, podremos conseguir disciplina táctica y aplicarla. Es un proceso largo, por supuesto, y hay que invertir. Lo obligado es dar el primer paso, conseguir un adiestrador apropiado para el momento, o resignarnos.