Edgard Tijerino
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Cuando está inspirado, y esto sucede muy seguido, ¡cómo seduce Kobe Bryant con la fantasía de su juego! Es el genio saliendo de la botella, fabricando magia, como lo vio la multitud que llenó el Garden en Nueva York, demoliendo a los Knicks con una ofensiva alucinante.

Sacudiendo el Madison hasta aflojar todas sus tuercas con 61 puntos, cifra récord para ese legendario sitio, Kobe saltó encima de los 60 logrados por Bernard King en 1984, cuando este brillante jugador se codeada en la cima de la NBA con Magic Johnson y Larry Bird, y dejó atrás los 55 conseguidos por el inmenso e incomparable Michael Jordan en 1995, cuando jefeaba a los espectaculares Bulls.

¿Qué tanto asombro puede provocar Kobe con esa actuación? Bueno, ustedes no se hubieran sorprendido de ver batear a Mark McGwire cuatro jonrones en un juego. Él parecía ser capaz de conectar uno con cada swing. Si Kobe fue capaz de elevarse encima del pico del Everest marcando 81 puntos en enero de 2006, lo que sigue haciendo es construyendo admiración por su inagotable destreza y arrollador ímpetu.

Esos 81 puntos de Kobe, logrados contra los Raptors de Toronto en el Staples Center de Los ángeles, es la segunda cifra más alta de la historia, sólo detrás de los 100 de Wilt Chamberlain, jugando por los Guerreros de Filadelfia, precisamente contra los Knicks, en Hersey, Pennsylvania, un dos de marzo de 1962.

Anteriormente, el mismo Chamberlain, enfrentando a los Lakers el ocho de diciembre de 1961, había marcado 78, registro que hizo trizas en una noche imborrable al año siguiente con su centenar, ante solamente más de 4 mil espectadores.

El mayor total de Jordan fue 69, quedándose corto en el intento de ingresar en ese momento al reducido club de 70 o más, reservado sólo para Chamberlain, Elgin Baylor y David Robinson.

Lo de Kobe es de esperarse en cualquier momento. Antes de su impulso cumbre con 81, Bryant había logrado 62 un mes antes contra los Mavericks de Dallas en una victoria de los Lakers 112-90.

Moviéndose entre abucheos y ovaciones por su comportamiento y jactancia, Kobe ha logrado sostener un impresionante crecimiento que le permitió recientemente ser considerado el Más Valioso de la NBA, aunque no pudo evitar el naufragio de los Lakers ante los Celtics de Boston.

Ese hombre, capaz de serpentear vertiginosa e incontrolablemente en busca del aro, de elevarse y empujarse sin punto de apoyo en maniobras de acróbata que harían palidecer a los especialistas del Circo del Sol, necesita todavía ser reconocido como un líder que puede sacar a su equipo de las brasas, motivarlo, inyectarlo y llevarlo a grandes conquistas.

A los 31 años, él todavía no es el Alejandro de la NBA, como lo fueron Magic Johnson, Michael Jordan y Larry Bird.


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