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Desgraciadamente, Ricardo Mayorga vive como pelea, sin dirección, metiéndose en un laberinto, cayendo y levantándose, moviéndose en las sombras, manteniendo a todos rascando sus cabezas, imposible de analizar y diagnosticar. Cuando de él se trata, nunca se sabe cuál es el próximo golpe, paso o decisión. Tenemos que estar preparados para todo, incluyendo por supuesto lo más inverosímil.

Después de sumergirnos en un mar de especulaciones, la proyectada pelea de Mayorga contra el mejicano Alfredo Angulo, programada para el 14 de febrero en Sunrise, Florida, ha sido cancelada.

Así que mientras el tiempo pasa, Mayorga sigue sin pelear y sin conseguir dinero. Uno supone que debería estar preocupado, pero ¿qué tan racional ha sido Ricardo durante todo este tiempo en que hemos seguido paso a paso sus movimientos?
No, no lo llamen el indomable, sino el irresponsable, capaz de conspirar contra él mismo, burlándose del presente y carcajeando sin saber por qué, frente a su futuro.

Según los informes, fueron tantos los factores adversos que se juntaron alrededor de Mayorga, que resultó imposible realizar la pelea que tanto necesitaba en un momento como éste, apretado por fuertes compromisos económicos.

Mayorga difícilmente cuida su peso, mucho menos cuando no tiene algo serio flotando frente a sus narices, y el tema del exceso, fue largamente sonado; su falta de apego al gimnasio ha sido lo suficientemente discutida, pero él sigue sin darle importancia a algo tan esencial; se habla de un desgarramiento muscular que puede ser o no cierto, porque se convirtió en argumento de última hora; se dijo extraoficialmente que Mayorga no aceptaría pelear por una bolsa de 100 mil dólares después de haberse fajado bravamente con Mosley.

Siempre ha sido un peleador misterioso y lo disfruta insensatamente. Nunca se sabe cuál es su verdadero estado atlético, cuándo y donde entrena, cuál será su bolsa, cómo anda su peso. Así ha sido, y así hemos tenido que aceptarlo porque no queda otra alternativa.

En 2004, en Nueva York, descartó tratar de bajar unas libras para pelear con el boricua “Gallo” Rivera, y ya fuera del cartel, lo volvieron a incluir tres horas antes del inicio de la cartelera, consiguiéndole como rival a Eric Mitchell, mientras a él lo buscaban por la 34 Avenida para informarle que pelearía.

Antes de una pelea, nadie sabe nada sobre Mayorga, excepto que agredirá verbalmente a su rival, algo que Trinidad y De la Hoya, lograron neutralizar quitándole la incidencia que alcanzó con Andrew Lewis y Vernon Forrest.

En Mayorga, lo real y lo imaginario se cruzan, se abrazan y se maquillan provocando confusión, moviéndose en un espacio por siempre giratorio y en un tiempo elástico, enloqueciendo a quienes tratan de encontrarle explicación a sus locuras. Con él, nunca se sabe qué sigue.