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Un día como hoy, pero en 1909, nació en Masaya una de nuestras glorias beisboleras, Agustín Castro Flores. La única gloria viva del béisbol nicaragüense de los años 30, llega a su centenario.

Agustín ha sido un hombre de bien, artesano honrado, altruista e intelectual, hijo dilecto de Masaya, donde ha vivido siempre.

En una de las tantas conversaciones que tuvimos, Agustín habla con firmeza y al ritmo de su sentimiento. Se queja de las autoridades y de la escasa pensión que recibe, pero muestro agradecimiento a Bayardo Cuadra, Tito Rondón y Julio C. Miranda Aguilar. Los tres han valorado su trayectoria.

Desde finales de los años veinte, Agustín brilló con el San Fernando, obteniendo el liderato de bateo en la serie final de la primera liga posterremoto del Pacífico, en 1931, con promedio de .333, seguido del “Chino” Meléndez, del Bóer. Entre los tantos juegos actuados, el 12 de marzo de 1933 enfrentó al Cueto Cubs, día que ganaron los cubanos 2-1.

Posteriormente se incorporó al poderoso Esfinge, formado por Fernando
Vicioso con peloteros de Masaya y Granada. El equipo ganó 16 juegos en gira por Guatemala y El Salvador en 1934.

Castro se había consagrado muy joven al ejecutar un triple play como short stop del Nicaragua en una partido contra el Tenderí de Nindirí. Saltando, capturó una contundente línea, impidiendo un extra base y él mismo pisó la segunda y completó su ejecución en tercera, pues los costales estaban llenos. “ Como me hice famoso, me llevaron a San Salvador dos veces, jugando como short stop; después pasé al righ fielder resultando mejor todavía”.

Castro participó en el primer juego perfecto lanzado en Nicaragua por el “Serpentinero” Solórzano el 17 de marzo de 1940 y, desde luego, cuando los masayas se coronaron campeones en 1943.

De entre sus recuerdos, trae a colación la vez en que “jugando contra el Carazo en Jinotepe, le robé cuatro bases a la mejor batería de Nicaragua: el “Chino” Meléndez y Canana Sandoval. Que el público juzgue mi actuación como buen o mal pelotero. Yo estoy muy satisfecho de lo que fui.

“Como pelotero fui marginado. Prueba de ello es que nunca fui a Cuba. Pero llevaron a otros inferiores a mí. Yo jamás pude servilizarme con el dictador del deporte: Ramón Méndez. Hoy declaro que el béisbol no me dio nada, porque en mi época se jugaba por amor y el pueblo vio las penalidades que pasamos para llegar a ser estrellas. “Jugué con el San Fernando, Esfinge, Capitán Delgadillo, Tigres del Distrito y Mayor Gasteazoro. Con este equipo le ganamos al famoso Esfinge, lanzando Máximo Rodríguez.

“Yo dejé de jugar en Granada por dignidad. Cuando el viejo Cueto vino a Nicaragua, se quedó y formó el equipo General Somoza, pues reunió a los mejores peloteros y cuando jugó con nosotros nos ganó. Los granadinos dijeron que los masayas se habían vendido. Mis compañeros me dijeron: ‘también nosotros nos vamos’; pero fue mentira: nadie se movió. Es que la dignidad no se cobra. Se lleva en la sangre. Ignoro si hay archivos donde se guardan los records de peloteros. Yo le saqué la pelota del Estadio a “Jagüita”, pero de línea, en 1939.

“Nadie ha superado al Chino”

Agustín Castro es una reliquia viviente. Y no sólo de nuestro béisbol de hace setenta años. También de la solidaridad gremial al fundar la “Cruzada Deportiva Alfonso Noguera El Serpentinero Solórzano”, uno de los grandes lanzadores de Nicaragua y masaya como él. “¿Mejor que El Chino?”. Y confirma: “Nadie ha superado al Chino. Ningún otro pitcher ha sorprendido a tantos corredores en las bases. Además, cubría más terreno que ningún otro y era un gran bateador y corredor”.