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¡Cómo creció el Milán en el segundo tiempo! Tan dominante, brillante y eficaz como lo fue en la final de la Champions. Su victoria por 4-2 sobre Boca Juniors, pudo ser más amplia. Eso lo dice todo.

Durante 58 minutos, Boca fue un rival temible. El gol de Pippo Inzaghi culminando una maniobra vertiginosa de Kaká que incluyó penetración, disparo, rebote recuperado y pase preciso hacia su derecha, para establecer el 1-0 a los 21 minutos, tuvo una respuesta inmediata con el estupendo cabezazo de Rodrigo Palacios enderezando un centro llegado desde la izquierda. En menos de dos minutos, el Estadio de Yokohama, con el frío aguijoneando, se calentaba y estremecía dos veces.

Con una defensa consistente y un medio campo sereno, Boca le peleó al Milán con firmeza recortándole los espacios a Kaká, controlando los intentos de desborde de Inzaghi y empujando a Seedorf hacia la derecha para evitar conexiones peligrosas.

La mayor preocupación con el 1-1 del primer tiempo era del Milán, careciendo de salidas claras y viéndose frenado en sus pretensiones de proyectarse.

Al minuto 50, durante la realización de una jugada a balón parado por el sector derecho, Alessandro Nesta vino desde atrás, y consiguiendo con buen perfil un rebote dentro del área, hizo funcionar su pierna derecha con mortífera precisión para clavar el balón en el ángulo superior izquierdo de la cabaña defendida por Caranta. Ahora el Milán estaba en ventaja 2-1.

Boca comenzó a morir después del cañonazo de Hugo Ibarra, que hizo crujir el poste izquierdo de un Dida vencido en el minuto 58. Esfumado el posible empate, el Milán apretó el acelerador y, por un rato, lo suficientemente largo, se convirtió en una máquina de producir fútbol.

Sobre el minuto 61, Kaká se escapa por la izquierda presionado por dos defensas, se aproxima al final de la cancha dentro del área y con el ángulo cerrándose, dispara con su zurda por abajo, desarticulando por completo a Caranta. Con ventaja de 3-1, el Milán se apodera de las riendas del juego.

Después de una falla de Palacios en un momento de posible resurgimiento para Boca a los 69 minutos, Kaká recibe una pelota de Seedorf por la derecha, entra al área y entrega a Inzaghi, quien no perdona. El remate de derecha amplió la ventaja 4-1, y Boca se veía entre escombros.

La pérdida de un hombre, Kakhaber Kaladze, por una brusca arremetida contra Gracián, dejó al Milán con diez hombres a los 76 minutos, y Boca aprovechó para dar una señal de vida a los 84, cuando un disparo de Ledesma fue empujado por el Ambrosini a su propia portería, con Duda fuera de foco.

Boca intentaba salir de las cenizas, cuando Ledesma con una pierna bien arriba, derribó a Kaká y fue expulsado a los 87 minutos. En ese momento, Boca se sintió girando en un embudo, viajando hacia el centro de la tierra.

Kaká fue seleccionado como el jugador del partido y del Mundial de Clubes.