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Me cupo el honor de conocer personalmente al comandante William Ramírez, cuando allá por los años 1984-1985 ocupaba la cartera de Ministerio de Transporte, con muy buen suceso.

Ejercía yo en ese tiempo la noble profesión de cronista deportivo, lo que me permitió tener un acercamiento con las “tareas” que a favor del deporte nacional desarrollaba. Su impactante personalidad imponía respeto, tanto en los salones de trabajo donde se realizaba un sinnúmero de reuniones, planificando eventos deportivos, como en eventos públicos, y debo suponer que de igual manera era respetado en el ministerio que rectoreaba.

El comandante Ramírez se convirtió en un incansable luchador por lograr el desarrollo de las disciplinas de béisbol y baloncesto, fundamentalmente.

Con una estatura envidiable (medía casi 6 pies) y una sólida contextura física, vistiendo uniforme militar, casi siempre, o ropa civil, con menos frecuencia, sabía conciliar opiniones y obtener el mayor provecho de aquellas interminables reuniones que se llevaban a cabo, planificando los campeonatos de béisbol de primera división.

En otra de sus facetas lo vimos convertido en hombre de radio, sacando a relucir sus conocimientos técnicos, ya que era periodista de profesión. Programas de comentarios y opiniones de diversas índole enriquecían su intervenciones en la radio, atrayendo cada vez mayor número de oyentes.

Tenía yo tres años consecutivos de estar intentando desde mi modesto cargo (Directora Ejecutiva del Salón de la Fama) que se postulara la candidatura del Comandante Ramírez para ingresar al salón de los inmortales del deporte nacional. ¡POR FIN FUE NOMINADO!
Su prematura muerte le impidió completar los 25 años de actividad dirigencial que exigen los parámetros establecidos en los reglamentos del Salón de la Fama, para ingresar como dirigente. No obstante, cumplía y sobrecumplía el resto de requisitos que finalmente lo hicieron merecedor a ser nominado en la categoría de “Promotor Deportivo”, y fue la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua la que lo postuló acompañando su solicitud de un muy rico currículum deportivo, en el cual se reflejan la mayor cantidad de actividades en pro del deporte que el comandante ejecutara en su provechosa vida.

Muy justo y merecido reconocimiento que este año engalanará la ya solemne y esperada ceremonia de exaltación que se realiza en los últimos días del mes de marzo de cada año.

Sus orgullosos hijos, esposa y demás familiares recibirán la placa, el diploma y el anillo, con que nuestro Salón distingue a sus miembros, perennizando su nombre en los anales de la historia deportiva del país.

“HONOR Y GLORIA A QUIEN HONOR Y GLORIA MERECE”.