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Recibimos la siguiente nota enviada desde Virginia, Estados Unidos

Edgard: Ha pasado el tiempo, no mucho, pero lo suficiente para que aquel sabor dulce de la victoria sobre Guatemala se diluya y sólo quede de referencia para que en otro milagro lo saquemos a relucir como una estadística más.

Te lo expreso a vos porque sé que sabrás entender las emociones que desde nuestra posición de aficionados nos invaden en los momentos cumbres de nuestras disciplinas deportivas.

Muchas veces he gritado la palabra “gol” con la fuerza de un seguidor del Atlético de Madrid, de una selección carioca, con una lógica inclinación emocional hacia la selección tica en aquel histórico Mundial de Italia en 1990; pero jamás sentí la danza de mi alma acompañando esas tres mágicas letras como ese día en que con el mundo en contra nuestros muchachos clavaban dos hermosos dardos en el corazón de la selección chapina.

Fueron dos goles que no tienen que envidiar en lo más mínimo cualquier otro estructurado en cualquiera de las mejores ligas del mundo, por el contrario, su gestación se produjo en lo más profundo de la garra y el esfuerzo que nuestras limitaciones nos imponen, por ende su factura escribe en nuestros corazones una obra insuperable.

Nuevos retos se avecinan, nuevas preocupaciones me invaden porque sé que en mi país se tocarán los bolsillos para prestar el apoyo que este grupo de chavalos se merece para enfrentar los compromisos venideros. Es importante saber que no adquiriremos niveles competitivos a nivel internacional (Concacaf), hasta tanto no seamos capaces de invertir en un deporte que a nivel mundial es más masivo y que cuando se adquiere esa competitividad es capaz de generar incalculables utilidades.

Edgard, quisiera decirte con el dolor en mi alma que no creo que mi país deba competir en la Copa de Oro, pues es un torneo muy fuerte y sería muy frustrante para nuestros seleccionados sufrir abultados marcadores en contra; más bien creo que se debe establecer un plan de competiciones que nos permitan de manera paulatina ir adquiriendo la capacidad de disputar partidos cuyos resultados no sean producto de algunos destellos sino de una planificación y de un trabajo concatenado, constante y persistente.

Me dio pena y mucha cólera leer en un diario que ya le habían dado 100 dólares a cada muchacho de la selección, creo que eso es una ofensa para quienes se han sobreesforzado para darnos ese momento que nosotros deseáramos se hiciera
eterno para olvidarnos de nuestras reales penurias.

Ojalá se hiciera la inversión que este deporte ahorita con este puntillazo le reclama a las autoridades competentes.

Atte.

Luis Antonio Medrano
Virginia, Estados Unidos