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ESPN Deportes
Los oficiales del béisbol están molestos con Gene Orza, según escribe Michael Schmidt.

El asunto de quien fue directamente responsable por disponer de los resultados de las pruebas de 2003 es un tanto confuso y no es precisamente apto para el consumo público. Pero, ¿no es razonable pensar que esa persona, quien sea, debería haber sido removida de la cadena de mando?
Uno de los aspectos más notables de todo el asunto de los esteroides es que mientras un grupo de jugadores --aquellos nombrados en el reporte Mitchell, Mark McGwire, Barry Bonds, Roger Clemens, y ahora Alex Rodríguez, etc.-- están sufriendo las consecuencias de un problema esparcido por toda la industria, y aquellos que tienen poder real en el deporte se mantienen en su puesto en el liderato de la unión y en puestos gerenciales, esencialmente sin ser tocados.

Ha habido cambios en el deporte en los pasados seis años, moviéndose hacia las pruebas de dopaje. Pero nunca ha habido una real contabilidad, más allá de un pequeño grupo de usuarios, lo que es una de las grandes fallas del reporte Mitchell; más allá de la posición general acerca de la complicidad general, hubo pocos detalles en el reporte acerca de cuáles decisiones específicas hechas por los líderes del deporte ayudaron a aumentar el uso de esteroides. Probablemente Bonds nunca consiga otro empleo en el béisbol, y Clemens y McGwire son de facto personas non gratas, pero las personas que hicieron las decisiones en el deporte en los años 90 siguen en el poder.

Orza y Don Fehr deben irse, según escribe John Harper. Bud Selig debe dar un paso adelante y atender el asunto de A-Rod, según escribe Chris De Luca. Es adecuado tomar un momento para notar la increíble disparidad entre la respuesta al uso de sustancias para mejorar el rendimiento en las Grandes Ligas y la respuesta en la NFL. Jugadores como Shawne Merriman y Rodney Harrison fueron suspendidos por uso de drogas y el asunto se desapareció, con los fanáticos y la prensa moviéndose hacia adelante. Pero cuando jugadores de béisbol son nombrados, el asunto sigue, y sigue, y sigue.

¿Por qué? Mi teoría es que el fanático promedio conoce las caras de los jugadores y les son familiares. Ellos los siguen todos los días durante el verano y los mantienen en un estándar diferente. Por otra parte, las caras de los jugadores de football sólo aparecen de 16 a 20 días en el año, escondidas detrás de máscaras durante carreras más cortas de lo que se ve en el béisbol. A-Rod es alguien que ha estado en las salas de los fanáticos cientos y quizás miles de veces, mientras Harrison podría entrar a restaurantes sin ser notado.

Para los lectores: ¿Por qué ustedes creen que el uso de sustancias para mejorar el rendimiento en MLB recibe más escrutinio que en la NFL?
Uno no puede seguirle llamando al béisbol un deporte, según escribe Drew Sharp. La vergüenza del béisbol no terminará con A-Rod, según escribe Richard Justice. Curt Schilling piensa que los otros 103 nombres de la lista deben ser revelados. Los Yanquis tienen a Hank Steinbrenner agradeciendo por el lío de A-Rod, según escribe Ian O’Connor. Hank Aaron sigue siendo el rey de los jonrones, según escribe Terence Moore.