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Primero fue ‘O Rey’ Pelé y luego llegaron todos los demás: Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho... y ahora Ricardo Izecson Dos Santos Leite ‘Kaká’, un jugador cuyo talento es directamente proporcional a la complejidad y tamaño de su nombre completo.

El hombre que ha liderado con maestría al Milán hasta lograr el ‘triplete’ en menos de un año (Liga de Campeones, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes) ha entrado por fin en el club de los más grandes.

Kaká, nombrado por la FIFA ‘Mejor Jugador de 2007’, dos semanas después de lograr su primer ‘Balón de Oro’, ya no tiene nada que envidiar a otros compatriotas suyos que un día salieron del país pentacampeón del mundo para regalar su fútbol a todo el planeta.

A diferencia de la mayoría de ellos, el mediapunta del Milán no se crió en las favelas, sino en una zona acomodada de Sao Paulo. Por eso, su fútbol quizá no tenga tanto de brasileño y respire un aroma más europeo, aunque eso sí, dotado de una técnica exquisita, como es habitual en los jugadores del país sudamericano.

En Kaká no hay samba, no se adorna con regates imposibles llenos de acrobacias, bicicletas o amagos, ni abusa de los trucos y malabarismos con el balón en los pies de esos que se aprenden cuando te pasas el día en la calle pateando una pelota.

Izecson Dos Santos Leite no es un jugador efervescente, pero su prestancia y ascendencia brutal en el juego, su manera de manejar el balón, la asociación con sus compañeros y su excelente definición le hacen ser un futbolista completo.

Nadie interpreta los espacios ni marca el tempo justo de cada jugada como lo hace él. Altivo, elegante y técnicamente impecable, Kaká se mueve por el terreno de juego como un mariscal de campo, sabiendo en todo momento lo que tiene que hacer y, lo más importante, cómo hacerlo, porque todo lo hace sumamente fácil.

Nacido en Brasilia el 22 de abril de 1982, Kaká se crió futbolísticamente en Sao Paulo, donde sus padres se instalaron cuando él sólo tenía siete años. A los quince decidió que quería hacer carrera en el balompié, aunque no abandonó los estudios.

Tres años más tarde, rozó la muerte al fracturarse una vértebra durante una zambullida mal controlada en una piscina. “Entonces pensé que me había salvado la mano de Dios”, escribió en su diario. Desde aquel día, Kaká hace gala de una fe inquebrantable como evangelista y nunca deja de mirar al cielo con cada uno de sus logros.

En el plano deportivo, todo transcurrió muy rápido. A los 18 años ya era titular en el Sao Paulo y el 31 de enero de 2002 fue convocado por primera vez con la ‘canarinha’ ante Bolivia. Durante tres temporadas, Leonardo, el ex jugador del Milán, siguió de cerca su evolución y finalmente logró convencer a su familia para que se fuese al ‘calcio’ en verano de 2003. Su título mundial con Brasil en 2002 y sus 48 goles en 131 partidos con el Sao Paulo avalaban su talento.

A partir de ahí, la historia ya es de sobras conocida: un ‘scudetto’, una ‘Champions’ (en la que además fue el máximo realizador), una Supercopa de Europa, un Mundial de Clubes con el Milán y el reconocimiento como uno de los jugadores más completos y equilibrados de la última década.

No se parece a ninguno de los brasileños que han ganado este premio antes: ni a Romario, el delantero de ‘dibujos animados’ letal en el área (1994); ni a Ronaldo, una locomotora implacable cuando encaraba el marco contrario (1996, 1997 y 2002); ni a Rivaldo, un jugador tan anárquico como imprevisible y genial sobre un terreno de juego (1999); ni a Ronaldinho (2004 y 2005), el gran malabarista del fútbol. Sin embargo, ya ha inscrito su nombre al lado de todos ellos.

Y lo mejor es que, con tan sólo 25 años, su reinado como mejor jugador del planeta puede prolongarse durante varios más. Con permiso de un tal Messi, claro.